Lo más floreado de la escudería facha del Diario de Navarra al rescate de la figura de Félix Huarte

Durante el mes de noviembre hemos asistido a una campaña orquestada por Diario de Navarra para rescatar la figura de Félix Huarte. Páginas y páginas y firmas de peso para confrontar la Ley de Memoria Democrática y sus pequeños avances en materia de reparación. Sigamos analizando qué supuso la trayectoria del empresaio y político navarro

El Diario portavoz de los golpistas militares, falangistas y requetés de 1936, se ha lanzado a una desaforada campaña por rescatar la figura de Félix Huarte ante la retirada de la medalla al trabajo por parte del Estado y la posibilidad de que le sea retirada la medalla de Navarra por el Gobierno Foral, todo ello en aplicación de la Ley de Memoria Democrática.

Los ejemplares de los días 8 (Aracama), 10 (Manuel Pulido), 11 (Luis Sarries), 13 (Miguel Sanz), 20 (Francisco Javier Zubiaur) y otros más, a lo largo del mes de noviembre dedican páginas enteras a ensalzar la figura del político y empresario navarro. Lo firman lo más granado de la caverna derechosa navarra. Son empresarios, políticos, intelectuales del sistema y del OPUS…todos ellos pesebreros del “corralito foral” que no han dudado en prestar sus plumas ante la llamada del periódico franquista por salvar la memoria de uno de los suyos.

Poco importa que la retirada de las medallas a este personaje del régimen franquista se haga en aplicación de la legalidad vigente. En este caso, la ley no significa nada para la derechona navarrera.

Claro está que el error original estuvo en la concesión de la medalla de Navarra a ese personaje. Nunca debió hacerse, porque ese reconocimiento suponía un enaltecimiento de la corrupción del franquismo.

Y es que hay que empezar por una idea bien clara. El franquismo además de ser un régimen fascista y genocida tuvo la corrupción como algo consustancial. Lo dijo el mismo Franco en un discurso en Lugo en 1942: “Nuestra cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos”.

Muchos empresarios financiaron la sublevación militar de 1936, entre ellos Félix Huarte. Y después recogieron los dividendos de esa inversión.

El fuerte intervencionismo del régimen franquista fue un obstáculo para la competencia empresarial favoreciendo a los empresarios amigos, entre ellos Félix Huarte, que de esa manera pudieron amasar importantes fortunas.

En realidad, fue un reparto del botín entre los vencedores, practica corroborada, una vez más, por el Generalísimo genocida, cuando dijo que: “Desde tiempos antiguos existía la costumbre de repartir títulos, tierras, bienes y también la mano de alguna dama entre los combatientes que habían sobresalido en la batalla”.

Personajes como Juan March, el empresario más influyente en el Estado español del siglo XX, en realidad un contrabandista de tabaco que contaba con el apoyo del corrupto régimen militar. En contrapartida el empresario incorporaba a los consejos de administración de sus empresas a cargos del régimen y familiares de Franco, como su hermano Nicolás o su yerno Cristóbal Martínez Bordiú.

Félix Huarte fue uno de esos destacados empresarios adictos al régimen que disfrutó de prebendas y de practicas corruptas. Así fue contratista del Valle del Caídos utilizando mano de obra esclava proveniente de presos republicanos. Y adjudicatario de las más importantes obras del régimen.

Además, fue concejal franquista del ayuntamiento de Iruñea y vicepresidente de la Diputación Foral de Navarra de 1964 a 1971, lo que no fue obstáculo para que compatibilizase sus cargos políticos con la adjudicación de obras públicas, como la ampliación de la plaza de toros.

Todo ese ominoso pasado desaparece como por arte de magia para los amanuenses de la derechona navarrera, ante su impulso en el año 1964 del “Programa de Promoción Industrial de Navarra”. Según esta pléyade de aduladores interesados, Félix Huarte fue el factótum que posibilitó el cambio de la tradicional economía agraria navarra a la industrial, invirtiendo la perdida de población que sufría Navarra.

Es decir, en 1936 apoyó y sufragó, entre otras cosas, el asesinato de 3.500 personas en Navarra, el encarcelamiento, la represión y el exilio de cerca de 20.000 personas más. Coadyuvó a frenar la reforma agraria en todo el Estado, el expolio del comunal, la emancipación de las mujeres, el desarrollo soberano de los pueblos, fomentó el caciquismo local, la explotación de las clases humildes, el mantenimiento de una tasa alarmante de analfabetismo, formó parte de un Estado policial, reprimió las libertades, se enriqueció todo lo que pudo en un régimen donde la corrupción era generalizada y sistemática, y cuando las perspectivas económicas dejaron de crecer, se sacó de la manga un plan para seguir aumentando sus beneficios. El campo y los vinos del Señorío de Sarria no daban para más y los nichos de negocios estaban en la industria y en atraer mano de obra barata.

Y ese fue el milagro de Félix Huarte, seguir siendo un franquista, un empresario constructor del régimen y en los años 60 y principio de los 70, el abrir a la clase empresarial -su clase- la posibilidad de seguir obteniendo beneficios explotando a las capas trabajadoras.

Fue mano de obra la que consiguió la industrialización de Navarra, ni Félix Huarte, ni ningún cacique reconvertido en empresario, han dado nunca un palo al agua para modernizar a Navarra y crear el actual tejido industrial. Sin ellos, sin esta mano de obra barata, sometida a penosas condiciones laborales, y que protagonizó la mayor huelga general conocida: Motor Ibérica en 1976, nada hubiera sido posible.

Félix Huarte, como el resto de los empresarios, forman parte de una clase parásita, incapaz de hacer nada si no está basada en la explotación de la clase trabajadora. Con el agravante de que fue un fascista que apoyó el genocidio franquista que fulminó las esperanzas de una sociedad más justa e igualitaria que alumbró la II República.