Riezu, UPN y el oportunismo tras el caso Cerdán

El pasado 15 de junio publicaba el director de Diario de Navarra: “El derrumbe de Cerdán, el poder en la sombra”.

La reciente publicación del editorial “El derrumbe de Cerdán, el poder en la sombra”, firmado por Miguel Ángel Riezu, director de Diario de Navarra, marca un punto de inflexión no solo en el tratamiento mediático del caso, sino también en la batalla política que vive Navarra desde hace más de una década. No estamos ante un ejercicio de periodismo neutral o de servicio público, sino frente a una maniobra cuidadosamente construida desde un espacio mediático históricamente alineado con los intereses de la derecha navarra, y en concreto con los de Unión del Pueblo Navarro (UPN).

Diario de Navarra no es un actor político secundario. Durante años ha ejercido como brazo ideológico de UPN, proporcionando cobertura favorable, espacio a sus líderes y editoriales que canalizan una visión conservadora, centralista y cada vez más desconectada de la realidad plural y progresista de la sociedad navarra. En esa línea, el ataque contra Santos Cerdán —más allá de los hechos judiciales, que deben dirimirse en los tribunales, no en columnas de opinión— no es solo personal: es una pieza más del intento por deslegitimar el espacio político progresista que en los últimos años ha consolidado una mayoría alternativa en Navarra.

Desde que perdió el Gobierno foral en 2015, UPN no ha logrado articular un discurso nuevo, ni adaptarse al cambio generacional y social que vive la comunidad. Su insistencia en vetar cualquier entendimiento con fuerzas como EH Bildu, su inmovilismo identitario y su incapacidad para renovar liderazgos lo han empujado a una prolongada irrelevancia institucional.

A falta de ideas, la derecha navarra recurre al escándalo. Necesitan que el caso Cerdán se transforme en el gran catalizador de un “cambio de ciclo”, algo que no han conseguido ni en las urnas ni en el debate político. Y para ello se apoyan en medios como Diario de Navarra, que ahora activan su maquinaria de influencia para instalar la idea de un PSOE manchado y de un PSN ilegítimo. Eso sí hablando casi exclusivamente del presunto corrupto Cerdán, pero pasando de puntillas por el corruptor, la multinacional Acciona, que lleva untando a corruptos del bipartidismo décadas y sigue beneficiando de contrataciones públicas como si no pasara nada.

Lo que pretende Riezu —y quienes lo jalean desde UPN— no es justicia, sino revancha. No buscan limpiar las instituciones, sino ensuciar a quienes han demostrado que en Navarra es posible gobernar desde el pluralismo, sin tutelas, sin pactos excluyentes y sin repetir el catecismo foralista de siempre. El editorial de Riezu no pide explicaciones: dictamina, acusa y condena. No con argumentos jurídicos, sino con narrativa política.

Si de verdad se tratara de regeneración, los editoriales exigirían también responsabilidades por los múltiples silencios cómplices de UPN durante décadas, por su falta de autocrítica tras el caso Caja Navarra, los peajes en la sombra, por su subordinación al corrupto PP cuando les conviene o por los intentos de manipular la justicia con fines partidistas.

El caso Cerdán debe investigarse con rigor y sin interferencias, pero también sin convertirlo en una excusa para imponer regresiones democráticas. La ciudadanía navarra no merece que se utilice un escándalo individual como palanca para reinstaurar un régimen político que fue expulsado democráticamente por su incapacidad de representar a toda Navarra.

Detrás del editorial de Riezu no hay ética periodística, sino estrategia de desgaste. No hay interés por la verdad, sino cálculo electoral. Lo que está en juego no es solo el futuro de Santos Cerdán, sino el modelo político que ha permitido a Navarra avanzar en estabilidad, convivencia y autogobierno sin sectarismos.

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