Réplica a Manuel Sarobe: Su Pamplona era un espejismo; nuestra Iruñea, una realidad que no soporta

Escribía Manuel Sarobe el pasado 5 de noviembre en el panfleto franquista de Cordovilla: Iruñea imparable, ¿hacia dónde?

Señor Sarobe, su artículo no es un análisis: es el berrinche de una derecha venida a menos, el lamento nostálgico de una élite que añora la Pamplona cortijera donde sus privilegios no se discutían. Usted no extraña una ciudad mejor; extraña su ciudad, aquella en la que un notario como usted podía sentenciar desde su columna sin que nadie osara contradecirle.

Su relato del apocalipsis está construido con la ética de un tabloide sensacionalista: recoge una tragedia personal aquí, un problema de convivencia allá, y lo mezcla todo en una coctelera de mala fe para intoxicar a la ciudadanía. Su metodología es burda: generaliza lo anecdótico, atribuye sin pruebas y oculta los contextos que desmienten su discurso.
¿Ratas? Las hay en todas las ciudades de Europa, pero usted las convierte en un “plan bildutarra”.
¿Delincuencia? Existe, como en cualquier urbe, pero usted la adereza con un repugnante tinte xenófobo, insinuando que la culpa es de la “extranjería” mientras desacredita a las autoridades que, a diferencia de usted, sí trabajan sobre el terreno.

Su punto más bajo —su miseria moral— llega cuando utiliza la violación grupal de una mujer como arma arrojadiza. Acusa de hipocresía a otros mientras blande el dolor de una víctima para golpear a un adversario político. Es usted un cínico.
La Ley del “Sólo sí es sí” es estatal, y son los jueces quienes la aplican. Su falsa indignación es un espectáculo nauseabundo, especialmente viniendo de quien durante décadas miró hacia otro lado ante las vergüenzas propias.

Llama “kale borroka” a la protesta juvenil y “hordas” a los estudiantes, y aun así se atreve a hablar de “cultura democrática”. Lo que usted no tolera es precisamente la democracia: no soporta que una fuerza política distinta a la suya gobierne; no soporta que Iruñea se mire al espejo y decida dejar de ser el patio trasero de unos pocos.

Usted presume de que los abonos taurinos se agotan, dato que por sí solo desmonta su narrativa de una ciudad ingobernable. La gente vive, trabaja, pasea y disfruta de una Iruñea más viva y plural que nunca, una ciudad que le resulta insoportable porque ya no responde a su molde.

Su Pamplona, señor Sarobe, era un espejismo de orden forzado y silencio impuesto.
Nuestra Iruñea, con sus aciertos y sus problemas, es una realidad compartida, diversa e irreverente. Y no, no “sobreviviremos sólo si votamos con cabeza”: sobreviviremos a pesar de quienes, como usted, confunden cabeza con prejuicio y nostalgia con lucidez.

Iruñea avanza. Usted, sencillamente, se ha quedado atrás.