Navarra no está secuestrada: el problema es que la derecha ya no manda

Manuel Sarobe publicaba el 9 de diciembre en Diario de Navarra una pieza que no era análisis político sino un ataque de nervios con firma.

Sarobe no escribe una columna: escribe un berrinche. Su texto no es análisis político, es el pataleo de quien lleva años sin tocar poder y ha decidido sustituir la política por el grito. No le duele Navarra: le duele que Navarra ya no sea de los suyos.

Porque conviene recordar un pequeño detalle que Sarobe omite cuidadosamente: UPN lleva una década en la oposición. Y no por fraude, ni por conspiraciones, ni por golpes bolivarianos, sino por algo mucho más simple y mucho más humillante: porque la ciudadanía navarra no quiere su proyecto político. Porque sus recetas de siempre ya no convencen. Porque su Navarra monocolor, rígida y ensimismada ya no existe.

Sarobe habla de una Navarra arruinada, intervenida, humillada… pero curiosamente solo empezó el “Apocalipsis” el día que su partido perdió el mando. Antes todo era orden, grandeza y estabilidad. Desde entonces, decadencia moral, sodomía política y fin de los tiempos. Qué casualidad.

La columna está trufada de insultos gruesos, metáforas infantiles y referencias de cantina. No hay datos, no hay argumentos, no hay contextualización. Solo una cosa: bilis. Bilis contra Bildu, bilis contra el PSN y, en realidad, bilis contra una sociedad que ha decidido vivir sin pedir permiso al notariado moral de la derecha navarra.

Sarobe sigue escribiendo como si estuviéramos en los años noventa, blandiendo a ETA como un tótem mágico que todo lo invalida. Pero el problema es que esa carta ya no gana elecciones. La gente vota en el presente, no en la hemeroteca. La política va de lo que pasa ahora, no de rentabilizar el miedo en bucle eterno.

Habla de democracia como si fuera suya en propiedad, mientras desprecia a cientos de miles de navarros que votan distinto como si fueran poco menos que indigentes intelectuales. Esa es la verdadera catadura del artículo: la incapacidad de aceptar que Navarra es plural, diversa y políticamente adulta, aunque no vote lo que él quiere.

Sarobe no se pregunta por qué UPN no gobierna. No hace autocrítica. No revisa discurso. No reconoce errores. No se pregunta si su proyecto es atractivo para alguien que no tenga más de 65 años y nostalgia de 1982. No: el problema es siempre otro. El enemigo. El traidor. El hereje.

Pero hay una verdad que ni mil columnas furiosas pueden ocultar: UPN no pierde porque Bildu exista, pierde porque no interesa. Porque no ilusiona. Porque no ofrece futuro. Porque sigue vendiendo una Navarra de museo cuando la sociedad vive en 2025.

Navarra no se hunde. Navarra cambia. Y a algunos eso les aterra.

Sarobe no escribe para Navarra. Escribe contra una Navarra que ya no le pertenece.

Y eso, por mucho que grite, no va a cambiar.