Sarobe inicia su texto defendiendo al alcalde de Valtierra no con argumentos sólidos, sino con una falacia de manual: el whataboutism. Señalar los supuestos pecados históricos del PNV o mencionar actos violentos de grupos radicales no exime de responsabilidad a quien hoy estigmatiza a menores vulnerables. Es una cortina de humo para evitar discutir el fondo: si un cargo público puede criminalizar a niños basándose en su origen.
El artículo esgrime el coste de la acogida de menores (4.950 euros/mes) como un argumento central, pero omite deliberadamente que se trata de una inversión en protección, educación e integración. No menciona que estos jóvenes, una vez emancipados, se incorporarán al mercado laboral navarro —que necesita 145.000 trabajadores para 2050— ni compara ese gasto con el coste social de abandonarlos a su suerte.
El colmo del relato llega al final: Sarobe admite que Navarra requiere inmigrantes para sostener su economía y agricultura, pero simultáneamente critica la acogida de quienes precisamente pueden cubrir ese vacío demográfico: jóvenes formables y integrables. ¿Qué propone? ¿Inmigración «ordenada» solo para recolectar fruta, pero sin derechos ni protección durante su minoría de edad?
El término «menas» no es neutro. Es un significante cargado de estigma que reduce a seres humanos a una categoría problemática. La Convención de Derechos del Niño, que Sarobe cita de forma oportuna, obliga a proteger el interés superior del menor, no a cuestionar su derecho a ser acogido por haber cruzado una frontera.
La mención al movimiento francés «C’est Nicolas qui paie» o a los impuestos navarros es pura demagogia. Frente a la evidencia de que la fiscalidad progresiva financia servicios públicos, Sarobe prefiere apelar al cansancio de una clase media «explotada» por subsidios a extranjeros. Un relato que ignora que el mayor gasto social beneficia a pensionistas y servicios universales, no a migrantes.
El artículo de Sarobe no es una reflexión rigurosa. Es un panfleto ideológico que encaja en el manual de la ultraderecha europea: criminalizar al vulnerable, distraer con falsas comparaciones y apelar al miedo económico. Navarra merece un debate sobre inmigración basado en datos, no en prejuicios vestidos de opinión. Los menores migrantes no son un problema: son personas bajo protección internacional. Tratarlos como una cifra o una carga no solo es incorrecto; es indecente.
