Publicaba este domingo Diario de Navarra el escrito de Miguel Sanz «El fútbol en el Athletic, al lado de la política…», y la verdad es que lo suyo con la camiseta del Athletic es de un cinismo de campeonato. Que un expresidente del Gobierno salga de la cueva a estas alturas para montar un drama político por los hilos de una camiseta de fútbol no es que sea rancio, es que es el comodín de siempre de UPN: cuando no tienen nada que rascar, agitan el espantajo del «anexionismo vasco» para ver si alguien pica.
Dice Sanz que el diseño de la equipación ataca la identidad de Navarra y la LORAFNA. Vamos a ver, Miguel: el Athletic es un club privado, no el Parlamento Vasco. Su camiseta no cambia leyes ni mueve fronteras. Que pongan los siete territorios responde a su filosofía deportiva y a una realidad que a UPN le revienta, pero que no puede borrar: que el fútbol navarro lleva un siglo llenando la cantera de San Mamés con tíos como Muniain, Raúl García o los Williams. Pretender que el Athletic ignore de dónde salen sus jugadores es no tener ni idea de fútbol. Y encima le exige al Gobierno actual que haga de censor de ropa deportiva. De locos.
Pero lo verdaderamente asqueroso de su artículo es que se atreva a dar lecciones de «responsabilidad institucional» y de «defender Navarra». ¿De verdad este señor tiene la cara tan dura?
Si hablamos de atacar a Navarra y de destrozar su patrimonio, la mayor puñalada que ha sufrido esta comunidad en su historia reciente lleva su firma y la de su partido con el expolio de Caja Navarra (CAN). Mientras los navarros las pasaban canutas con la crisis y los recortes, Sanz y su guardia pretoriana de UPN se lo llevaban crudo montando reuniones exprés de tres minutos para cobrarse dobles y triples dietas opacas.
Eso sí que fue una anomalía y una traición al fuero en toda regla: fundirse la caja de ahorros de todos los navarros para dejar la comunidad sin pulmón financiero mientras ellos se llenaban los bolsillos a puerta cerrada. El Supremo lo archivó porque penalmente pillaron un vacío legal, pero el propio auto dejó claro que lo que hicieron fue una marranada ética inolvidable. UPN nunca defendió Navarra; se sirvió de ella como si fuera su cortijo y su cajero automático.
A los navarros no nos quita el sueño el diseño de una camiseta, ni que el Athletic reivindique unos lazos culturales que son obvios. Lo que de verdad da escalofríos es recordar cómo esta gente dilapidó la soberanía financiera de la comunidad. Menos golpes de pecho heráldicos, menos «Aúpa Osasuna» de postureo y un poquito más de pudor. Para hablar de la dignidad de Navarra, primero hay que tener el historial limpio de dietas.
