La noticia de la imputación de José Luis Rodríguez Zapatero no ha sorprendido a nadie que conozca los sótanos del Estado español. Mientras los grandes nombres de la derecha y los pilares del régimen se pasean con total impunidad por los consejos de administración y los palcos de honor, se activa la guerra jurídica contra el expresidente que más se atrevió a cuestionar los consensos sagrados de la Transición.¿Es justicia o una vendetta histórica de la toga nostálgica?
Para entender lo que ocurre hoy con Zapatero, hay que mirar atrás. España presume de democracia, pero su poder judicial padece una anomalía genética: fue uno de los pilares del Estado que el franquismo dejó blindado y atado. Un ejemplo clamoroso tuvo lugar un 4 de enero de 1977, el Tribunal de Orden Público (TOP) —el órgano con el que la dictadura perseguía a sindicalistas, estudiantes y demócratas— se disolvió en el papel. Ese mismo día, con los mismos jueces, los mismos funcionarios y los mismos expedientes, nació la Audiencia Nacional. La Transición no depuró las togas; les cambió el membrete de las cartas.
Esa herencia sociológica y estructural se ha transmitido por ósmosis. El acceso a la judicatura, mediante oposiciones extenuantes que solo pueden costearse las familias con apellidos compuestos y cuentas corrientes desahogadas, ha perpetuado una casta judicial que confunde la defensa de la ley con la defensa de sus privilegios de clase y de una idea patrimonial de España.
El club de los intocables: de los Borbones a Rajoy
El agravio comparativo clama al cielo. La lista de quienes se han ido «de rositas» bajo el paraguas protector del ala conservadora de los tribunales es el verdadero quién es quién del poder en España:
- Los Borbones: El caso de Juan Carlos I es el mayor monumento a la impunidad. A pesar de las evidencias clamorosas de cuentas opacas en Suiza, comisiones multimillonarias de satrapías del Golfo y regularizaciones fiscales exprés, la Fiscalía del Supremo y la doctrina de la inviolabilidad —entendida como una patente de corso para delinquir— le permitieron un retiro de lujo en Abu Dabi sin pisar un solo banquillo.
- Adolfo Suárez y Manuel Fraga: Los padres de la Transición blindaron el relato. Fraga, firmante de sentencias de muerte durante el franquismo, fundó el partido de la derecha democrática sin rendir cuentas jamás por los sucesos de Vitoria en 1976.
- Felipe González: El líder de la reconversión industrial y de la entrada en la OTAN vio cómo sus ministros entraban en prisión por la guerra sucia de los GAL y la financiación ilegal de Filesa, pero el cordón sanitario judicial siempre se detuvo justo antes de rozar la «X» del organigrama.
- José María Aznar y Mariano Rajoy: El aznarismo privatizó las joyas del Estado y nos metió en una guerra ilegal basada en mentiras, mientras su partido se financiaba con una contabilidad paralela masiva. El PP de Rajoy fue condenado por corrupción estructural en el caso Gürtel, se demostró que usó al Ministerio del Interior para espiar a la oposición y destruir pruebas (caso Kitchen), pero ni Aznar ni Rajoy pisaron jamás un juzgado en calidad de imputados. Declararon como testigos, protegidos por una deferencia que la judicatura nunca tiene con la izquierda.
Zapatero: tocar el hueso del régimen
¿Por qué entonces van a por José Luis Rodríguez Zapatero? La respuesta es sencilla: porque Zapatero les dio donde más les duele. Fue el presidente que osó romper el pacto del olvido con la Ley de Memoria Histórica, el que abrió las fosas comunes que la derecha judicial quería mantener cerradas, y el que devolvió cierta dignidad a las víctimas del franquismo. Fue el presidente que, frente al nacionalcatolicismo militante de la judicatura, aprobó el matrimonio igualitario, la ley del divorcio exprés y las leyes de plazos del aborto, modernizando de alguna manera un país que las togas preferían en blanco y negro.
Además, su rol de mediación internacional y su cuestionamiento de la geopolítica sumisa de la derecha madrileña lo han convertido en la diana perfecta del bloque reaccionario.
¿El procesamiento de Zapatero en el caso Plus Ultra busca esclarecer la verdad o busca destruir el legado de la izquierda y mandar un aviso a navegantes? En España, quien ose tocar las estructuras del régimen o cuestionar el relato de la derecha económica, mediática y judicial, acaba pagando el peaje en los tribunales. Mientras la cúpula judicial siga secuestrada por mayorías artificiales que no reflejan la voluntad del país, las togas seguirán haciendo política con los códigos penales en la mano. Y en esto tiene también bastante responsabilidad el propio PSOE, que tras 5 años de bloqueo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial por parte del PP en vez de hacer una renovación con la participación de las mayoría del Congreso la pacto con quienes la había bloqueado.
