La geografía del vacío: El perdón como negocio de Joseba Eceolaza

La "geografía emocional" de la que alardea no es más que una cortina de humo lírica para eludir su propia falta de coherencia.

Leer a Joseba Eceolaza en el Diario de Navarra (05-02-2026) pontificando sobre la «geografía emocional del perdón» produce una mezcla de asombro y fatiga. Es el asombro ante un equilibrista profesional que ha convertido el cambio de chaqueta en una disciplina olímpica y la fatiga de quien ve, una vez más, cómo se utiliza la superioridad moral para camuflar un currículum de puro oportunismo. Resulta casi cómico que quien hoy exige «mentalidades de paz» sea el mismo que en los 80 y 90 transitaba por el entorno independentista más radical, respaldando aquel «dales donde más les duele» de Batzarre. Eceolaza es el maestro del arrepentimiento por entregas: un experto en saltar de barco justo antes del naufragio para aterrizar siempre en el despacho de al lado, ya sea con el cargo de portavoz, el libro premiado o la subvención bajo el brazo.

Su trayectoria no es la de un trabajador que dobla el lomo, sino la de un gestor de símbolos que ha sabido parasitar cada etapa política de Navarra con una agilidad pasmosa. De prerrenegociador en tiempos de ETA a crítico selectivo, de la militancia abertzale a la comodidad burocrática de CCOO, y de ahí a fundar asociaciones regadas con miles euros de dinero público para administrar la memoria como un nicho de mercado. Es muy fácil dar lecciones de empatía y «alturas de miras» cuando se vive de la columna periodística, la charla pagada y el parque de la memoria subvencionado, mientras se ejerce de muleta del actual gobierno de Chivite para asegurar la siguiente nómina pública.

La «geografía emocional» de la que alardea no es más que una cortina de humo lírica para eludir su propia falta de coherencia. Mientras Navarra reclama una soberanía real y principios sólidos, personajes como Eceolaza ofrecen una paz de diseño financiada por el sistema, adaptándose sin pudor al color del periódico que le pague la tribuna —ayer enemigo, hoy altavoz de su nueva fe—. Menos mapas sentimentales y más honestidad sobre el historial propio; para impartir cátedra de ética, primero hay que tener una biografía que no parezca un catálogo de rebajas ideológicas según la conveniencia del momento. Navarra merece dignidad foral y soberana, no vividores que mercadean con el perdón por likes y euros.

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