La doblez de Jaime Ignacio del Burgo: panfleto fascista disfrazado de análisis en DN

Hace un ejercicio de nostalgia franquista, manipula la figura de Oteiza y utiliza el trauma de ETA con falacias intentando intoxicar con propaganda reaccionaria.

Jaime Ignacio del Burgo: su texto del pasado 9 de septiembre en Diario de Navarra no es un análisis, es la regurgitación venenosa de una ideología caduca que él y los suyos impusieron a sangre y fuego. Hablemos claro.

El ex-Diputado de UCD, formación clave en el montaje del Régimen del 78, y su padre, Jaime del Burgo Torres, historiador franquista y procurador en las Cortes del dictador, son arquitectos del sistema que durante décadas ha borrado a golpe de decreto cualquier símbolo que no oliera a incienso y gloria imperial. Su familia es parte de la casta que cimentó el monolitismo cultural y político que ahora, con pánico, ve resquebrajarse. ¿Qué le duele más, que muevan unas estatuas o que el relato único que su padre ayudó a escribir se le escape de las manos?

Su hipocresía es monumental. Acusa de “perfidia” e “imposición” a un alcalde electo democráticamente, pero él ejerció cargos de poder en una estructura nacida de una dictadura. Su defensa de “las esencias de Navarra” suena a chiste macabro viniendo de quien viene. Navarra, para su linaje, siempre fue un feudo que administrar, un territorio que domar para que no perturbara la unidad de España. Su rabia no es por seis piedras viejas; es porque las llaves de la vitrina donde guardaban su versión de la historia las tiene ahora quien no piensa como usted.

Manipula la figura de Oteiza con una bajeza moral que hiela la sangre. Usa el secuestro de Felipe Huarte, un crimen execrable, para insinuar una complicidad que sólo existe en su resentimiento enfermizo. ¿Dónde estaba su ética cuando se torturaba en comisarías? ¿Dónde su defensa de las víctimas cuando el estado silenció las suyas? No quiere honrar a nadie; quiere un paisaje congelado donde los reyes miren al Parlamento para recordar quién manda. Se le ha acabado el cuento.

Su artículo es el estertor de una clase política que se ve reflejada en el bronce de esos reyes: desubicada, fuera de tiempo, y camino del parque temático donde merecen estar. La astucia, la doblez y la perfidia son los métodos de quién se sabe perdedor en la batalla de las ideas. Tírelos usted al vertedero de la historia que les corresponde. Allí les haremos un homenaje.

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