En su editorial del 20 de junio, Diario de Navarra afirmaba que “la presidenta Chivite sigue los pasos de Sánchez, se enroca en su discurso y sostiene que no hay argumentos que le lleven a dimitir. Una contundencia que en absoluto se corresponde con los hechos ocurridos”.
Esta práctica golpista, característica de la prensa de derecha española, implica que las narraciones de hechos publicados deben finalizar en la dimisión inmediata de los políticos retratados. Esta forma sistemática de actuar, se presenta incluso cuando los sumarios aún están en fase de recopilación de pruebas y no hay condenas judiciales, pero si condiciona la opinión pública. A veces, por coherencia o presión mediática, algunos políticos se ven forzados a renunciar a sus cargos, a pesar de no haber sido condenados por la justicia.
Un ejemplo reciente es el de Mónica Oltra. La vicepresidenta de la Generalitat Valenciana dimitió de sus cargos y como diputada de Les Corts Valencianes, a pesar de la falta de pruebas en su contra y la ausencia de actuaciones ilegales. En abril pasado, el juzgado de instrucción número 15 de Valencia decidió archivar la investigación al no hallar delito.
Otro caso similar es el del ex presidente socialista de Portugal, Antonio Costa, quien renunció en noviembre del año pasado, al verse involucrado en un caso de corrupción relacionado con proyectos energéticos. La justicia portuguesa más tarde concluyó que no había indicios de tráfico de influencias en el caso que lo llevó a dimitir. Estos ejemplos ilustran cómo la presión mediática puede influir en decisiones políticas antes de que la justicia haya emitido un juicio definitivo.
El mismo día 20 de junio, Diario de Navarra publicó una encuesta revelando que el 60% de los españoles opinan que Pedro Sánchez debería dimitir. Este dato plantea una interrogante: ¿cómo es posible que la ciudadanía pida la dimisión de un presidente sin que se haya celebrado juicio alguno ni se haya emitido condena? ¿Qué pasaría si, al igual que el ex presidente de Portugal, Pedro Sánchez no es condenado?
Cuando los partidos de la derecha se ven incapaces de alcanzar el Gobierno a través de las urnas o mediante mecanismos legales, como la moción de censura, recurren a poner el ventilador e intensificar la presión a la ciudadanía apoyándose en rumores, bulos, medias verdades y suposiciones que eventualmente deberán resolverse en los juzgados. Lo que se busca es agitar el árbol de la política, con la esperanza de que las “frutas caigan solas en forma de dimisiones”.
El machacar sistemáticamente con que “la situación es insostenible” no es más que una opinión, que la aplican cuando les conviene. No lo hicieron con las grandes corrupciones del PP en los casos Bárcenas, Púnica, Lezo, Taula y un largo etc. En el caso Gürtel, la Audiencia Nacional ratificada por el Tribunal Supremo, condenó al PP tres veces por beneficiarse de la red corrupta y confirmó penas de hasta 51 años de prisión para 29 acusados, así como la responsabilidad civil a título lucrativo del PP. Actualmente quedan 30 casos pendientes de juicio que afectan al partido de Feijóo y a varios de sus gobiernos regionales… pero de esto no se habla.
La corrupción política es un fenómeno que destruye la base de la Democracia y que la ciudadanía no tolera, aunque sea una práctica habitual en la sociedad; quién no recuerda lo de “le hago la factura con IVA o sin IVA”. Para que la corrupción no sea problema en un país, o sea residual, es crucial establecer controles exhaustivos, como los existentes en los países nórdicos europeos, donde la transparencia y la rendición de cuentas son pilares fundamentales del sistema democrático. Además se debería excluir de los concursos públicos a las empresas corruptoras, que gracias al Régimen del 78 siguen siendo intocables.
Por otra parte, recordemos que la cacareada, modélica y ejemplar Transición española, la lideraron partidos que todos ellos han sido condenados por corrupción, como son Convergencia de Catalunya, el PNV, El PSOE y el PP… por mordidas en adjudicación de obras públicas, donde se enriquecieron ellos, sus amigos y sus familiares. Está claro que algo se hizo mal y desde entonces lo estamos pagando.
