La bandera como pantalla: el fútbol, la imposición y la pluralidad de Nafarroa

✍🏻 Zizarra

Respuesta a la tribuna de Nacho Calvo en Diario de Navarra (25/07/2026) sobre el Mundial, la identidad y el papel de la selección española en Nafarroa.

El deporte tiene una capacidad innegable para convocar pasiones, generar espectáculo y ofrecer momentos de alivio colectivo. El triunfo deportivo de un equipo o una selección es, antes que nada, el resultado del trabajo de sus deportistas y cuerpos técnicos. Sin embargo, en cuanto el balón deja de rodar, reaparece la conocida costumbre del nacionalismo español de transformar el éxito deportivo en un tribunal sociológico y en un instrumento de asimilación cultural.

En su reciente tribuna, Nacho Calvo incurre en una narrativa tan manida como agresiva: utilizar una victoria futbolística como baremo de «normalidad» democrática y como herramienta dialéctica contra quienes defendemos la soberanía y la identidad propia de nuestra tierra.

Bajo la apariencia de un elogio a la «humildad» de Luis de la Fuente o al indiscutible talento de futbolistas como Mikel Merino —cuya carrera pertenece a su esfuerzo personal y al trabajo de cantera, y no a ningún proyecto estatal—, el discurso subyacente pretende imponer un dogma falaz: alegrarse con la selección española equivale a ser un ciudadano «normal»; mantener la conciencia de pueblo e identificarse con los símbolos propios de Euskal Herria sitúa al individuo, según su criterio, en el «odio» y el «resentimiento».

Resulta paradoja pura calificar de «pegamento» a un fenómeno que el propio autor utiliza para señalar y dividir. Ese patriotismo de camiseta y altavoz no une: busca la subordinación cultural y política de territorios como Nafarroa o Catalunya bajo una misma bandera uniformadora.

Por supuesto, cualquier altercado o episodio de violencia merece un rotundo rechazo social. La convivencia no se construye desde el acoso. Pero instrumentalizar incidentes de orden público para criminalizar al independentismo y al vasquismo, o para resucitar viejos fantasmas con una retórica deliberadamente incendiaria, es una irresponsabilidad periodística que sólo busca legitimar el discurso del pensamiento único.

Nafarroa es una nación con memoria, identidad y un proyecto de futuro propio que no se diluye por el resultado de noventa minutos de fútbol. La realidad sociológica de nuestro país es plural y soberana, por mucho que se pretenda utilizar una pantalla gigante en la Plaza del Castillo para proyectar una imagen ficticia de homogeneidad y españolización.

Ni los éxitos de una selección ajena legitiman un marco político impuesto, ni el sentimiento independentista de miles de navarros y navarras es un síntoma de anomalía social. El verdadero sentido común no consiste en aplaudir al unísono bajo el pabellón rojigualda por mandato mediático, sino en exigir el respeto a la libre decisión de los pueblos y a la plena soberanía de Nafarroa.

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