Joseba Eceolaza: memoria de alquiler y ética a la carta

Escribía Eceolaza en Diario de Navarra el pasado 8 de mayo el artículo “La pedagogía de la memoria” que bien merece un análisis.

Hay quien recuerda por justicia, y hay quien recuerda por currículum. Joseba Eceolaza pertenece sin duda a este segundo grupo: el de los moralistas de turno que han hecho de la memoria un negocio editorial, institucional y político. Su artículo “La pedagogía de la memoria” no es más que otra entrega del mismo producto: un relato ético monocorde en el que sólo cabe una violencia —la de ETA— y todo lo demás se relega al sótano del olvido.

Pero lo que convierte su texto en una pieza especialmente hipócrita no es sólo lo que dice, sino quién lo dice. Hablamos de alguien que durante años formó parte de Batzarre, una fuerza política que fue protagonista del proceso de Lizarra-Garazi, aquel intento de resolución dialogada del conflicto vasco que hoy Eceolaza desprecia o ignora como si no hubiese existido. No sólo participó en ese marco, también fue uno de los rostros de Nafarroa Bai, desde donde no dudó en modular su discurso según soplara el viento. En 2010, por ejemplo, votó a favor de una ley foral sobre víctimas del terrorismo desmarcándose de su grupo parlamentario, con una justificación sentimental que hoy se repite como fórmula vacía: “estar con el dolor”.

El problema es que el dolor que reconoce es siempre el mismo. Ni una mención en su texto a Mikel Zabalza, torturado y asesinado bajo custodia de la Guardia Civil. Ni una palabra sobre los GAL, las cloacas del Estado, las torturas sistemáticas avaladas por informes internacionales. Para Eceolaza, el terrorismo de Estado no existe, no merece pedagogía ni memoria. Lo suyo no es una ética del recuerdo, sino un guión oficialista empaquetado para congresos y subvenciones.

Porque seamos claros: Eceolaza vive del cuento. De presentarse como portavoz de un relato cerrado, higienizado, cómodo para los salones donde se reparte la legitimidad democrática. Su indignación es selectiva, sus víctimas también. Habla de “apagones morales” mientras él mismo mantiene uno sobre décadas de represión institucional, detenciones arbitrarias, tortura y en definitiva violencia estatal. Lo suyo es la memoria que da puntos en el currículo, la memoria útil para asegurarse una posición en el mercado de la conciencia.

Y lo hace con una arrogancia insultante: apropiándose del dolor ajeno mientras niega sistemáticamente el de quienes no encajan en su marco. Su texto no es una contribución ética, es propaganda de salón. Un acto de manipulación simbólica que no busca sanar heridas, sino administrar el sufrimiento como capital político.

Ya basta. Quienes han participado en espacios como Batzarre o Lizarra-Garazi no pueden ahora fingir que el conflicto fue unilateral. Quienes han jugado a la equidistancia según convenía, no pueden ahora dar lecciones de memoria. Si vamos a hablar del pasado, hablemos todo. Si vamos a hablar de víctimas, hablemos de todas. Y si vamos a hablar de ética, que sea con las manos limpias.

Y lo más sangrante de todo es que habla de memoria habitualmente desde Diario de Navarra, olvidando por completo que este diario y su director Garcilaso a la cabeza junto a Mola fueron los responsables del Alzamiento contra la República en Navarra y apoyaron como voceros la dictadura franquista durante 40 años con más de 3500 asesinad@s sin frente de guerra

Joseba Eceolaza no quiere memoria: quiere monopolio. Y mientras lo consigue, sigue facturando artículos con moral de alquiler, citas de Reyes Mate y un relato perfectamente diseñado para no molestar a nadie que importe. Es decir, sigue viviendo del cuento.