Humanismo de salón, premios de élite y el silencio conveniente

✍🏻 Akino | 24 de mayo de 2026

Mientras fuera se hablaba de genocidio, dentro el Diario de Navarra prefería recoger frases sobre “innovación positiva”, “arraigo”, “personas en el centro” y “valores compartidos”

Hay algo profundamente revelador en la imagen de una élite política, empresarial, mediática y religiosa reunida en la Cámara de Comercio de Navarra para hablar de “humanismo”, “personas” y “valores éticos” mientras, a escasos metros, una protesta denuncia la colaboración de una de las empresas premiadas con la industria militar israelí.

La escena define perfectamente una época.

Dentro del salón: aplausos, autoridades, discursos solemnes y lenguaje emocional cuidadosamente diseñado para transmitir compromiso social.
Fuera: activistas de BDZ Nafarroa acusando a MTorres de colaborar con la fabricación de componentes para los cazas F-35 utilizados por Israel y señalando la complicidad institucional de quienes siguen premiando a la empresa.

Y entre ambos mundos, como siempre, el muro protector del relato oficial.

Porque si algo quedó claro durante esta entrega de los Premios Arizmendiarrieta es que Navarra conserva intacta esa vieja capacidad de blindar a sus élites bajo una capa de respetabilidad institucional, aunque para ello haya que convertir conceptos como “humanismo” o “ética” en puro decorado corporativo.

El acto tenía todos los ingredientes del ecosistema clásico del poder navarro: Gobierno foral, Cámara de Comercio, Iglesia, fundaciones empresariales, directivos, apellidos conocidos y el indispensable acompañamiento mediático dispuesto a narrarlo todo como una hermosa historia de compromiso social y excelencia empresarial.

Especialmente significativo fue el papel del Diario de Navarra, cuya cobertura volvió a demostrar su extraordinaria habilidad para practicar ese periodismo de moqueta que tan bien conoce: amplificar los discursos oficiales, envolver el acto en solemnidad institucional y no mencionar ni una palabra sobre el elemento incómodo de la jornada —las protestas contra MTorres por su relación con la industria militar israelí—.

Ese es el verdadero talento del periódico del establishment navarro: hacer desaparecer el conflicto bajo toneladas de lenguaje institucional.

Mientras fuera se hablaba de genocidio, dentro el Diario de Navarra prefería recoger frases sobre “innovación positiva”, “arraigo”, “personas en el centro” y “valores compartidos”. La realidad, una vez más, cuidadosamente editada para no molestar a quienes mandan.

Y presidiendo el acto estaba Javier Taberna, eterno presidente de la Cámara de Comercio y figura representativa del “corralito foral” donde siempre parecen encontrarse los mismos círculos de poder económico y social. Navarra como sistema cerrado de notables, donde fundaciones, empresas, instituciones y determinados apellidos giran eternamente entre homenajes cruzados y legitimaciones mutuas. Y cuyo origen se remonta al golpe militar fascista de julio de 1936.

La ceremonia alcanzó momentos casi surrealistas con la mesa redonda sobre “valores humanistas en la empresa del siglo XXI”. Un ejercicio de autocelebración moral que habría rozado la comedia si no fuera porque se producía justo antes de entregar un premio a una empresa cuestionada públicamente por su vinculación con la industria armamentística israelí. ¡Kafka habría pedido rebajar el guión por inverosímil!

Y allí aparecía también Institución Futuro, habitual fábrica ideológica de las élites liberal-conservadoras navarras, aportando ese tono de modernidad empresarial de PowerPoint motivacional donde todo se resume en liderazgo, talento, competitividad y propósito transformador. El neolenguaje perfecto para convertir cualquier acto de poder económico en una supuesta lección de ética colectiva.

El problema es que fuera del auditorio había gente hablando de muertos reales. Pero eso no encaja demasiado bien en los foros empresariales sobre bienestar corporativo.

La vicepresidenta ejecutiva de MTorres, Yolanda Torres Lusarreta, reivindicó emocionada el legado de su padre y la inspiración del modelo Mondragón. Y ahí probablemente se produjo el instante más incómodo de toda la ceremonia: utilizar el nombre de Arizmendiarrieta —símbolo de cooperativismo, dignidad obrera y economía social— para legitimar un acto marcado por denuncias de colaboración con la industria militar israelí.

Convertir a Arizmendiarrieta en envoltorio moral de este tipo de operaciones reputacionales resulta difícil de superar incluso para los estándares actuales de cinismo institucional.

Y luego estaba el toque eclesiástico, con el arzobispo Florencio Roselló dando el inevitable barniz moral a toda la ceremonia. Porque si algo necesitaba un acto donde se premia a una empresa salpicada por denuncias sobre colaboración militar era precisamente un poco más de legitimación simbólica. La foto perfecta: empresarios, Gobierno, Iglesia y prensa local sonriendo juntos mientras se habla de ética: Navarra resumida en una imagen.

La gran pregunta es cómo una fundación inspirada en Arizmendiarrietaha acabado convertida en plataforma de lavado reputacional para el poder económico tradicional.

Probablemente porque el “humanismo empresarial” actual ya no consiste en cuestionar las estructuras de poder, sino en hacerlas parecer amables.

Y ahí el Diario de Navarra vuelve a ser fundamental. Porque sin medios dóciles este tipo de relatos no funcionarían. Hace falta alguien que maquille el conflicto, oculte las protestas y presente la ceremonia como un ejemplo luminoso de convivencia institucional y compromiso social.

El periodismo cortesano siempre cumple una función esencial en las pequeñas sociedades de poder: evitar que la realidad estropee la ceremonia.

Así que sí, los Premios Arizmendiarrieta dejaron una gran lección este año. No sobre humanismo, ni sobre participación, ni sobre valores. La verdadera lección fue comprobar hasta qué punto determinadas élites navarras han conseguido convertir la ética en escenografía.

Y quizá esa sea hoy la industria más rentable de todas.

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