Tranquilos todos: Miguel Sanz ha hablado. Y cuando él habla, Navarra tiembla… de aburrimiento. En su última entrega de nostalgia política titulada “¡Que vienen los nacionalistas!” el ex-presidente vuelve a regalarnos una versión dramatizada de la situación navarra digna de serie de sobremesa.
Según su crónica, Navarra ya no es lo que era. Antes, al parecer, todo funcionaba a las mil maravillas: las empresas se agolpaban en nuestras fronteras para entrar, los jóvenes compraban pisos como si fueran cromos, y los servicios públicos eran gestionados por ángeles tecnócratas con alas forales. Lástima que todo eso solo exista en su memoria selectiva.
Lo que Sanz omite —con la elegancia de quien esconde un elefante debajo de la alfombra— es que Navarra sigue siendo una de las regiones con mejor renta per cápita, menor desempleo y mayor inversión en innovación del país. Pero claro, ¿quién necesita datos cuando se tiene una buena historia de miedo que incluya a ETA, a la OTAN(que por cierto Nafarroa voto NO), a Alemania y hasta a Tomás Caballero, todo en el mismo párrafo?
El expresidente se escandaliza porque el PSN pacta con fuerzas distintas a UPN. ¡Imagínense! ¡Pactar con otros partidos en un sistema parlamentario! Qué desfachatez democrática. Lo que él quería era una mayoría absoluta eterna para su partido, esa sí que era una forma sensata de entender la pluralidad política.
También le preocupa que EH Bildu —partido legal, con representación democrática y al que votan decenas de miles de navarros— esté presente en las instituciones. Porque claro, eso de que quienes apuestan exclusivamente por la vía política participen en la política es… en fin, un escándalo.
Y no podía faltar el clásico: Navarra se convierte poco a poco en “una provincia de Euskal Herria”. El cuento del lobo nacionalista funciona como comodín perfecto cuando ya no se tienen propuestas concretas. Navarra, según él, ha perdido su alma, su esencia, su destino… todo porque no gobierna UPN y se han atrevido a subir impuestos a los más ricos para mejorar servicios públicos. Qué tragedia.
Por cierto, lo de Alemania es curioso: cita un titular sobre el SPD para intentar reflejar a Sánchez, pero se olvida de que aquí no estamos en Berlín ni EH Bildu es el AFD, por mucho que lo intente colar de rondón.
En resumen: el artículo de Sanz no aporta una sola propuesta, ni una idea para mejorar nada. Solo añoranza, miedo, y ese victimismo elegante de quien tuvo poder y no sabe vivir sin él. Pero que no cunda el pánico: la Navarra real, la que madruga, trabaja, estudia, protesta, debate, vota y vive, no se ha hundido. Solo ha cambiado… y eso, al parecer, es lo que realmente les molesta.
