El TAV y el tren de la propaganda: cuando la CEN escribe el editorial del Diario de Navarra

Respuesta al señor Manuel Piquer, publicada originalmente en el “Diario de la CEN”, perdón, quiero decir, en el Diario de Navarra – ese faro de objetividad donde la voz de la patronal se disfraza tan elegantemente de interés general.

Ah, el TAV. El talismán mágico que convertirá Navarra en una utopía moderna con solo hacer chu-chú. Don Manuel Piquer nos ilustra desde las páginas del periódico que lleva décadas confundiendo editorial con publirreportaje, con esa visión tan conmovedora y, sobre todo, tan desinteresada. Es conmovedor ver cómo la Confederación Empresarial Navarra, de repente y a través de su medio afín, se preocupa por el bienestar de toda la ciudadanía, por ese “factor humano” que tanto les emociona mencionar entre cálculo y cálculo de rentabilidad.

Resulta que Navarra está en una “encrucijada estratégica”. Suena dramático, ¿verdad? O tomamos el tren de alta velocidad (literalmente) o nos quedamos en el andén de la historia, contemplando cómo otras regiones, más listas ellas, nos adelantan por la derecha en su bullet train hacia el futuro. Qué casualidad que la solución a todos nuestros males pase precisamente por una megaobra faraónica, ese totem del progreso del siglo XX, justo lo que necesita el siglo XXI para resolver una crisis climática y social sin precedentes. Más vías, más hormigón, más velocidad. La receta de siempre, pero con WiFi y el beneplácito del diario local.

Habla de “más de 300 entidades” que apoyan esta visión compartida. ¡Vaya logro! Es casi tan sorprendente como descubrir que en el Diario de Navarra publiquen una crítica al modelo empresarial que les sustenta. Empresas, cámaras de comercio, lobbies del sector… vamos, esa “sociedad civil” que tan bien representa los intereses de… las empresas. Y qué mejor altavoz que el rotativo que convierte los comunicados de la CEN en artículos de opinión con firma. Mientras, la otra parte de la sociedad –la que respira el aire, habita el territorio y paga impuestos– puede ir pensando en cómo asumir los impactos paisajísticos, el destrozo ambiental y la factura descomunal. Pero eso son detalles para las páginas de sucesos, no para la sección de economía.

Nos asegura que el TAV “simboliza la transición”. Ahí está la clave: es un símbolo. Un fetiche carísimo. Porque de lo concreto, de los números, de los estudios rigurosos que pongan en una balanza los beneficios reales para la gente de a pie frente a los costes siderales, mejor no hablar en un medio que prefiere el relato épico a los datos incómodos. Hablemos de sensaciones, de “modernidad”, de “abertura”. Palabras huecas que resuenan bien en un discurso grandilocuente y que encajan perfectamente en la línea editorial de la casa. ¿El supuesto y cacareado absentismo laboral? Se soluciona con un tren rápido. ¿Los puestos vacantes? A más velocidad, más empleo. La lógica es impecable, casi mágica, y digna del mejor realismo mágico que se pueda imprimir.

Y no puede cerrar su proclama sin soltar la nómina de benefactores ilustres: los Torres, los Busto, los Del Villar Eraso… Toda una galería de héroes capitalistas cuya reinversión de beneficios (qué generosidad) es presentada como prueba del compromiso con la tierra. Conmovedor. Así, entre reconocimientos a la élite empresarial y vagas promesas de cohesión social, se teje el relato en el diario de referencia: lo que es bueno para la patronal es bueno para Navarra. Punto. Quien disienta, es un nostálgico, un enemigo del progreso, un aguafiestas que no merece portada.

Así que ahí lo tenemos, en papel de calidad y tinta corporativa. El cuento de la Navarra unida, moderna y emprendedora, que avanza al unísono hacia el futuro. Un futuro que, por una extraña coincidencia, se parece mucho a la lista de deseos de sus grandes empresas y al guion prefabricado que lleva décadas saliendo de la misma redacción. Las infraestructuras construyen caminos, dice. Claro que sí. Y algunos caminos llevan directos a los bolsillos de unos pocos, mientras cargan la mochila a las generaciones que vienen y encuentran en su periódico local el mismo monólogo de siempre, disfrazado de diálogo. Eso no es altura de miras. Es mirar desde el despacho de la CEN, con el Diario de Navarra como megáfono y los pies cómodamente apoyados en su propia conveniencia.