La columna de Alberto Catalán (UPN) titulada “El timo del TAV en Navarra” no aporta soluciones ni análisis, sino que se queda en la queja política y en frases llamativas que buscan más el titular que el debate. Pero el tema del tren de alta velocidad merece algo más que eso: rigor, datos y visión de futuro.
Primero, la supuesta “opacidad” del proyecto. No es cierto. Cualquier infraestructura de este tamaño pasa por infinidad de trámites: estudios ambientales, geológicos, técnicos… todo público y accesible. Que vaya lento no significa que alguien esconda nada: es la realidad de los grandes proyectos en Españistán y en Europa.
Segundo, la idea de que “toda Navarra” pide el TAV. Tampoco. Hay colectivos ecologistas, asociaciones vecinales y partidos que plantean dudas legítimas: ¿es esta la inversión que más necesita Nafarroa ahora, o deberíamos priorizar sanidad, educación o mejorar la red ferroviaria convencional? Tildar estas preguntas de “radicales” no ayuda; al contrario, empobrece el debate.
Tercero, la queja sobre que otras comunidades reciben más kilómetros de vía o más inversión. Las comparaciones son fáciles, pero injustas: no es lo mismo trazar una línea recta en la meseta que atravesar la Sierra de Aralar. Y, además, Nafarroa depende de coordinarse con Euskadi y Aragón. Esto no es una carrera, es un puzzle entre administraciones.
También se critica que cambien proyectos, como la estación de Tudela. ¿Es un problema revisar decisiones tomadas hace 10 o 15 años con nuevos criterios de eficiencia o integración urbana? Al contrario: sería irresponsable no adaptarse.
Y lo del “timo”… sinceramente, es un eslogan fácil pero vacío. Los retrasos son habituales en cualquier gran infraestructura europea, y lo cierto es que tampoco UPN avanzó gran cosa en este tema cuando gobernaba. Bueno sí, avanzó en vaciar la CAN y dejarnos deudas eternas como sus “peajes a la sombra”.
El verdadero debate no es si gritamos más fuerte a favor o en contra del TAV, sino si este gasto multimillonario es la mejor apuesta para el futuro de Nafarroa. Lo que necesitamos no son eslóganes, sino transparencia, realismo y un plan consensuado que ponga por delante el interés común de la ciudadanía.
