El reparto de la publicidad institucional en Navarra: entre la hegemonía de audiencia, la trayectoria histórica y el debate por la pluralidad

✍🏻 Mikel Aingeru Rietzu:

El uso y la distribución de la publicidad institucional por parte de las administraciones públicas constituye uno de los focos de debate político y mediático más recurrentes. En la Comunidad Foral de Navarra, el análisis de los datos oficiales sobre la asignación de fondos públicos entre sus dos principales cabeceras impresas (Diario de Navarra y Diario de Noticias) ofrece una panorámica sobre cómo dialogan la economía de medios, el poder económico tradicional y los criterios institucionales de reparto.

Para comprender la posición dominante de Diario de Navarra, no basta con remitirse a las cifras de difusión actuales; es preciso atender a su trayectoria histórica y su papel en la vertebración de las élites navarras. Fundado en 1903, el periódico desempeñó un papel determinante en los acontecimientos políticos del siglo XX en la región. Durante la Guerra Civil y el posterior régimen franquista, la cabecera actuó como el gran pilar ideológico del conservadurismo y el tradicionalismo navarro, lo que le permitió consolidar un monopolio informativo de facto durante décadas y construir un arraigo social e institucional difícil de erosionar. Hoy en día, la publicación no opera sólo como un medio de comunicación, sino como la voz orgánica y el eje de influencia del gran empresariado local, alineándose históricamente con los intereses de la Confederación Empresarial de Navarra (CEN) y los sectores financieros tradicionales. Esta estrecha relación con el tejido corporativo le otorga un músculo económico y una capacidad de presión política que van mucho más allá de las ventas en kiosko.

Al examinar la serie histórica del reparto presupuestario a lo largo de las distintas etapas en el Palacio de Navarra, destacan tres patrones clave. En primer lugar, independientemente del color político del Ejecutivo (UPN, el Gobierno cuatripartito de Uxue Barkos o las coaliciones lideradas por el PSN-PSOE con María Chivite), Diario de Navarra ha mantenido de forma constante una asignación superior a la de Diario de Noticias. Esto responde a la aplicación de criterios técnicos basados en la penetración de audiencia (medida por el CIES), que siguen primando al medio tradicional. En segundo lugar, la inversión pública muestra una fuerte sensibilidad a los ciclos coyunturales: sufrió una severa contracción en 2012 tras los recortes post-crisis financiera, mientras que en 2020 y 2021 alcanzó picos extraordinarios (530.000 € y 321.000 € respectivamente) para financiar las campañas de salud pública durante la pandemia. Finalmente, en cuanto a la evolución de la brecha, en la etapa de UPN la distancia favorecía al medio conservador en proporciones cercanas al 60/40, mientras que en años recientes se observa un progresivo estrechamiento de la brecha absoluta, alcanzando en 2024 la diferencia más corta registrada (181.000 € frente a 153.000 €).

Para romper la inercia que perpetúa el dominio de las grandes cabeceras vinculadas a los poderes tradicionales, se plantean diversas propuestas de reforma legislativa. Por un lado, se proponen mecanismos de contención del gasto como la implantación de un filtro estricto de utilidad pública —limitando la publicidad únicamente a mensajes de servicio indispensable como emergencias, avisos sanitarios o campañas de tráfico, y prohibiendo las campañas de imagen del Ejecutivo— junto con la fijación de un techo presupuestario vinculante en la Ley de Presupuestos. Por otro lado, para garantizar la equidad, se baraja el modelo de tarifa plana o bloque fijo, que reserva un porcentaje significativo del presupuesto para repartirlo de manera lineal e idéntica entre todos los medios auditados, así como la inclusión de criterios de discriminación positiva para el fomento del euskera, la vertebración del territorio en zonas rurales o la equidad de género.

El diseño de las reglas de juego sobre el dinero público en los medios refleja dos concepciones antagónicas. Por una parte, la visión pragmática o de eficiencia de mercado defiende que la función del Gobierno es maximizar el impacto de sus mensajes públicos, por lo que resulta lógico destinar la mayor parte de los fondos al medio con mayor cuota de mercado, al margen de su pasado político o de sus alianzas empresariales. Por otra parte, la visión democratizadora sostiene que utilizar criterios de audiencia en un mercado condicionado por la herencia del franquismo y la concentración de poder económico perpetúa posiciones de dominio e impide el desarrollo de voces alternativas, planteando que la publicidad pública debe actuar como un contrapeso para garantizar la diversidad ideológica y la salud democrática.

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