Sin embargo, su análisis no es más que un castillo de naipes construido sobre medias verdades y una amnesia selectiva que olvida quiénes pusieron las primeras piedras del deterioro del sistema público.
Ibarrola lanza el dardo: «¿Cómo es posible que con más dinero estemos peor?». Es una pregunta tramposa. Esconder bajo la alfombra que el coste de la tecnología médica, la inflación de los suministros y, sobre todo, la necesaria actualización salarial de los profesionales se han disparado, es de una deshonestidad intelectual asombrosa. No se trata solo de cuánto se gasta, sino de cuánto cuesta hoy mantener un sistema que UPN dejó tiritando tras años de inercia y recortes invisibles.
La presidenta de UPN apela a la nostalgia de una Navarra que era «envidiada». Lo que no dice es que el declive de la sanidad pública en España tiene su raíz en el RD 16/2012 que su partido aplaudió, y que descapitalizó de personal el sistema nacional. El problema de las listas de espera no nació con Chivite; es el resultado de una falta de planificación de plazas MIR que el centro-derecha ignoró durante décadas.
Es fácil comparar a Navarra con otras comunidades si ignoramos cómo miden los datos. Mientras en regiones gobernadas por la derecha se cierran agendas o se deriva a la privada para que el contador de la lista de espera se detenga, Navarra mantiene uno de los sistemas más transparentes y honestos de España. Ibarrola parece preferir el modelo de «ojos que no ven, corazón que no siente», donde la lista de espera «baja» simplemente porque al paciente ni siquiera se le permite entrar en el sistema de cómputo.
Cita Ibarrola en el panfleto, el aumento de los seguros privados como un fracaso del Gobierno. Se le olvida mencionar que esta es una tendencia de mercado global alimentada por el discurso del miedo que su propia formación promueve. Cuando la derecha política repite diariamente que «lo público no funciona», está haciendo la mejor campaña de marketing para las aseguradoras privadas. No es una consecuencia inevitable, es un objetivo político buscado. Sólo basta mirar cada día la inmensidad de anuncios de consultas, seguros y médicos privados que aparecen en su boletín de Cordovilla.
La líder de UPN critica los incentivos por actividad. Es curioso: se queja de las listas de espera, pero ataca las medidas urgentes para reducirlas. Propone un modelo de «valor» que suena muy bien en un seminario académico, pero que no da respuesta al ciudadano que necesita una ecografía mañana. Ibarrola aplaude que los profesionales rechacen trabajar más por más dinero, pero no ofrece ninguna solución inmediata que no pase por la privatización encubierta.
Navarra sigue siendo la comunidad con mayor inversión en salud por habitante, superando los 2.000€. Lo que le duele a Ibarrola no es la gestión, es que el modelo público navarro se resista a ser el negocio de unos pocos. Señora Ibarrola, el efecto Dunning-Kruger consiste precisamente en creer que se sabe de gestión sanitaria cuando solo se sabe de propaganda política. Navarra no necesita «salvadores» que añoren el pasado, necesita soluciones estructurales que su partido, cuando tuvo la oportunidad, no quiso o no supo implementar. Menos lecciones de psicología y más respeto a la sanidad que todavía es orgullo de todos, a pesar de sus intentos de hundirla en el pesimismo mediático.
