El Diario de Navarra y la manipulación de la historia o cuéntame un cuento y verás qué contento

El Diario de Navarra debe ser objeto de crítica no solo por su pasado ominoso, sino también y, sobre todo, por su actuación presente.

El Diario de Navarra, en su ejemplar del día 12 de enero obsequia a sus distinguidos lectores en sus páginas 42 y 43, con un hermoso panegírico a Félix Huarte Goñi, bajo el título de “navarros que dejaron huella”.

Lección de historia perpetrada por Carmen Erro Gasca, que firma como Historiadora y doctora en Ciencias Económicas. Pero lo más significativo de la trayectoria profesional de esta “plumilla”, es que tiene su propia empresa, llamada “Centennial”, que ofrece servicios de marketing -a quien se los pueda pagar-consistentes en desarrollar (seudo) relatos históricos, en torno a fechas destacadas o a personajes, para poner de relieve su importancia y trascendencia social. Todo ello a gusto del cliente de turno.

Por lo que estas dos páginas de (infra) historia que ofrece el periódico de Cordovilla a sus lectores, tiene toda la pinta de ser un texto “ad hoc”, encargado a la empresaria Carmen Erro, para fabricar una fantasía consumible y edulcorada del empresario navarro Félix Huarte Goñi.

El objetivo es mostrar al susodicho personaje -por cierto muy querido y alabado por la derecha-, como un “hombre hecho a sí mismo”, “que logró crear un enorme grupo empresarial en cinco sectores diferentes”. Y que, gracias a él, “a Navarra un territorio netamente agrario en los años 60llegara la industria”.

El texto es un ejemplo de manipulación, no por lo que dice, sino por lo que no dice y, sobre todo, por la tergiversación de hechos incuestionables. Todo ello con el objeto de manipular la percepción pública y desviar hacia un interés político determinado el reciente pasado.

Así, al golpe militar fascista de julio de 1936, le denomina “guerra civil” o “conflicto armado”. Y desde luego no aparece para nada, a lo largo del artículo, el importante papel que las empresas de Félix Huarte jugaron en la fabricación de armas para los golpistas. En los archivos militares constan las colaboraciones de sus empresas en la fabricación de granadas de mortero, entre otras, para los sublevados.

“Una etapa de crecimiento continuado” es el eufemismo con el que se enmascara que Félix Huarte Goñi fue uno de los empresario que más se benefició de la dictadura franquista. Con concesiones a dedo de obras públicas, como el Valle de Cuelgamuros, en 1952, con mano de obra formada por penados republicanos.

Es una característica de la derecha el inventar historietas épicas, sobre personajes que, por si solos, son capaces de realizar logros espectaculares para la patria. Así la transformación de la Navarra agrícola en industrial es presentada como el resultado de la actuación de Félix Huarte desde la Diputación Foral y de Urmeneta desde el Ayuntamiento de Pamplona y desde la Caja de Ahorros Municipal. Lo que constituye una tremenda falsedad que enfatiza en unos supuestos héroes, ocultando el papel que jugaron en ese proceso las clases trabajadoras.

Las empresas del grupo Huarte, se aprovecharon y explotaron a sus trabajadores. Fruto de las condiciones laborales precarias fueron huelgas y paros. Esta conflictividad es presentada por la articulista como una especie de acné juvenil “presente en toda etapa de renovación acelerada”. Cuando muchas de las huelgas en las empresas del grupo Huarte estaban motivadas por la intransigencia patronal y por la adopción de despidos. Porque ser despedido en alguna empresa del grupo Huarte significaba no poder volver a trabajar en la industria en Navarra, dado el poder de monopolio que ostentaba el magnate y la elaboración de listas negras que aportaba a la policía.

También el paso a la política del personaje es objeto de manipulación interesada. La ausencia total de democracia en las instituciones se enmascara con la expresión “dentro de las limitadas posibilidades de representación que ofrecía el engranaje político del momento, pasaba por participar en las elecciones municipales en primer lugar para, a partir de ahí, dar el salto a la Diputación”.

 Frase que encierra el intento de presentar una realidad alternativa (es decir una absoluta mentira) a lo que fueron unos hechos constatados. El engranaje político del momento fue una sangrienta dictadura, el momento fueron cerca de cuarenta años. No había elecciones municipales, ni de ningún otro tipo.

La realidad del acceso y paso de Félix Huarte a la actividad política en el régimen franquista fue muy distinta. Accedió al Ayuntamiento de Pamplona a dedo y por ser una figura influyente en el mundo empresarial, para ocupar una vacante tras el fallecimiento de otro concejal del tercio de entidades, para representar los intereses de la patronal en el consistorio.

Cuando accedió a la Diputación Foral, no fue en absoluto como se dice en el artículo, por formar parte de una candidatura carlista, puesto que no había ninguna posibilidad legal de presentar candidaturas en los años 60. Sino que fue designado directamente por el Gobernador Civil, quien nombraba a los diputados forales entre personalidades de las elites navarras afines al régimen.

Félix Huarte Goñi fue un empresario que ganó mucho dinero, gracias a su coexistencia con la dictadura franquista, y al trabajo de miles y miles de trabajadores que laboraban en sus muchas empresas con horas extras en unas penosas condiciones, sin derechos sindicales ni libertades. Contó con los apoyos del poder para acceder a obras públicas de gran calado. Gozó de privilegios fiscales. Controló directamente el poder de las principales instituciones forales, lo que le permitió beneficiarse de la transformación económica del país. Sus enormes beneficios le permitieron jugar a mecenas sobre todo de la universidad privada del Opus y de actividades artísticas para aumentar su prestigio social.

El artículo manipula de esta forma la historia y es un auténtico ejercicio de posverdad. El Diario de Navarra debe ser objeto de crítica no solo por su pasado ominoso, como portavoz y apoyo de los golpistas en el alzamiento contra la legalidad democrática de la II República, sino también y, sobre todo, por su actuación presente. Por el intento cotidiano y persistente en reescribir la historia reciente, fabricando un relato repleto de mentiras con el objeto de que la sociedad no crea en nada, pierda toda capacidad de actuar y de pensar, para ser fácil presa de todo tipo de manipulaciones, y en consecuencia llegue a cuestionarse hasta la misma democracia. Ya no se trata únicamente de mentir, sino de lograr que se pierda la capacidad de distinguir entre la verdad y la mentira, entre la ficción y la realidad, para crear un estado de confusión social como caldo de cultivo del totalitarismo en el siglo XXI.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba