El búnker de la Zapatería: el poder del Grupo La Información en Navarra

Por: Ollarra

En Navarra, el poder no siempre cambia cuando cambian los gobiernos. A menudo, simplemente se adapta. Mientras el foco institucional apunta al Palacio de Navarra, existe otro centro de gravedad que ha demostrado una notable capacidad de permanencia: el número 49 de la calle Zapatería, en Iruñea. Desde ahí opera el Grupo La Información, editor del Diario de Navarra, una estructura que no solo informa, sino que históricamente ha contribuido a delimitar qué es decible, qué es pensable y qué queda fuera del marco en la comunidad foral.

Raíces: prensa, élites y golpe

Esa capacidad no surge de la nada. Tiene raíces. Y esas raíces remiten, de forma documentada, a uno de los momentos más determinantes del siglo XX. La historiografía sobre el golpe de 1936 en Navarra —desde los trabajos de José María Jimeno Jurío hasta los de Francisco Espinosa Maestre— coincide en subrayar el papel activo de las élites civiles en la preparación y ejecución del alzamiento. En ese contexto, el Diario de Navarra, bajo la dirección de Raimundo García “Garcilaso”, no fue un mero espectador. Diversas investigaciones lo sitúan como intermediario entre el general Emilio Mola, pieza clave de la conspiración en Pamplona, y los sectores carlistas encabezados por el conde de Rodezno. La mediación de “Garcilaso”, incluyendo contactos con los círculos monárquicos en el exilio, fue determinante para articular apoyos que resultarían decisivos el 19 de julio.

El contexto en el que se produce esa implicación está igualmente documentado. Navarra, sin frente de guerra, fue escenario de una represión sistemática en retaguardia. El Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra, vinculado a la UPNA, cifra en 3.452 las personas fusiladas. No se trata de un dato marginal, sino de uno de los índices de violencia más elevados del Estado en proporción a su población. En ese escenario, la función del principal diario de la comunidad no fue la de fiscalizar el poder ni la de dar voz a las víctimas. Muy al contrario, contribuyó a construir un relato legitimador de la violencia, en línea con lo que Espinosa Maestre ha definido como la implicación activa de sectores civiles en la represión.

El tratamiento posterior de episodios como la fuga del fuerte de San Cristóbal (Ezkaba) en 1938 refuerza esa idea de continuidad en la gestión del relato. De los 795 presos que lograron huir, más de 200 fueron abatidos en los montes circundantes y la mayoría del resto capturada. Sin embargo, durante décadas, este episodio apenas ocupó espacio en el relato público dominante. La invisibilización de la memoria, como han señalado numerosos estudios sobre memoria histórica, no es una omisión neutra, sino una forma de intervención política sobre el pasado.

El corralito: economía, medios y poder

Esa conexión entre poder mediático y poder estructural no se limita al ámbito histórico. Se proyecta hacia el presente a través de una arquitectura económica bien definida. El Grupo La Información presenta una propiedad formalmente atomizada —en torno a 1.200 accionistas—, pero investigaciones como las del periodista Iván Giménez sobre el denominado “corralito foral” apuntan a la existencia de un núcleo duro de control vinculado a apellidos históricos de la burguesía navarra. Este modelo encaja con el concepto de interlocking directorates, ampliamente estudiado en sociología económica, que describe redes de consejos de administración entrelazados capaces de coordinar intereses entre sectores estratégicos.

En Navarra, esa lógica se ha traducido durante décadas en la interconexión entre medios de comunicación, entidades financieras y grandes empresas, especialmente en el ámbito de la construcción. El caso más significativo fue la relación con la Caja de Ahorros de Navarra (CAN). Durante años, la interacción entre ambas estructuras respondió a una lógica de refuerzo mutuo: cobertura mediática favorable, acompañamiento a determinadas estrategias de inversión y ausencia de un escrutinio crítico sostenido.

Cuando la CAN colapsó y fue finalmente absorbida por CaixaBank en 2012, el alcance político y social del proceso fue evidente. Sin embargo, el debate público no se tradujo en una exigencia proporcional de responsabilidades. Tal y como recogen diversas investigaciones periodísticas y académicas, la construcción del relato mediático en ese momento contribuyó a amortiguar el impacto del escándalo, limitando su traducción en términos de rendición de cuentas.

Quién define Navarra

Pero el poder del Grupo La Información no se agota en lo económico ni en lo histórico. Su dimensión más eficaz es, probablemente, la cultural. La teoría del agenda-setting, formulada por McCombs y Shaw, resulta aquí especialmente pertinente: los medios no dicen a la gente qué pensar, pero sí sobre qué pensar. Durante décadas, el principal diario navarro ha desempeñado ese papel de fijador de agenda, delimitando los marcos del debate público y contribuyendo a construir una determinada idea de “navarridad”.

En ese marco, opciones políticas que cuestionan el statu quo —ya sea desde posiciones soberanistas o desde planteamientos progresistas— han sido frecuentemente presentadas como ajenas, disruptivas o problemáticas. No se trata necesariamente de una consigna explícita, sino de una práctica sostenida en el tiempo: selección de temas, jerarquización informativa, elección de fuentes y construcción de enfoques.

A esta capacidad de influencia simbólica se suma una posición material privilegiada. Los datos de la Oficina de Justificación de la Difusión sitúan al Diario de Navarra como el medio con mayor penetración en la comunidad, superando el 60% de los lectores de prensa diaria en su ámbito territorial. Esta hegemonía se ha visto reforzada históricamente por la captación de una parte significativa de la publicidad institucional, un factor clave para entender las dificultades estructurales a las que se han enfrentado medios alternativos.

Continuidad en la era digital

En la Navarra de 2026, este modelo no ha desaparecido. Se ha transformado. A través de su plataforma digital y su sistema de suscripción, el grupo busca trasladar su capacidad de influencia al entorno algorítmico. Sin embargo, las constantes siguen siendo reconocibles: defensa de intereses consolidados, capacidad de presión y una relación históricamente estrecha con actores políticos como Unión del Pueblo Navarro, especialmente en momentos de reconfiguración del tablero institucional.

Lo que emerge de este recorrido no es una anomalía, sino un patrón. El de un poder que no necesita exponerse para ser eficaz. Que no compite en igualdad de condiciones porque parte de una posición construida durante décadas de acumulación de influencia económica, política y cultural.

La cuestión, por tanto, no es la existencia de un medio influyente, sino los límites que esa influencia impone al pluralismo real. Cuando la capacidad de definir la realidad —qué ocurrió, qué ocurre y qué puede ocurrir— se concentra en un mismo nodo durante más de un siglo, la democracia no desaparece, pero se estrecha.

Y en ese estrechamiento, lo más relevante no es lo que se dice. Es todo lo que queda fuera.

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