DN, J. Fdez Díaz y las alucinaciones marianas

Tal vez, si la Virgen vuelve a aparecerse en Ezkio, puede ayudar a dilucidar divinamente si la conexión del TAV vasco con Navarra se debe hacer por esa localidad o por Gasteiz.

El ejemplar del Diario de Navarra correspondiente al día 3 de mayo, incluye en su página 49 una entrevista a Jorge Fernández Díaz con motivo de la presentación de su libro «El tiempo de María», en el Seminario Diocesano de Pamplona, donde recoge las apariciones de la Virgen a lo largo de los años en España, Francia y Portugal.

En la entrevista el autor vierte frases tales como: «Dios es el señor de la historia y nada ocurre por casualidad… la Virgen María con sus profecías y advertencias, ha cambiado el devenir de las naciones… la intervención de la Virgen en la batalla de Lepanto, cambiando la dirección del viento en favor de la armada occidental. Europa sería muy distinta actualmente si hubiera ganado el imperio Otomano» … Que, desde luego, frustran cualquier tentación de leer el librito de marras.

Tiene toda la pinta de que, lejos de tratarse de un estudio serio del contexto en el que se dan las supuestas apariciones milagrosas, y de un examen a fondo de las pruebas materiales de las mismas, el autor se desparrama, sin ninguna cortapisa ni freno, por las apariciones refrendadas por la «madre Iglesia», sin cuestionarlas en ningún momento, sino todo lo contrario, reafirmándolas.

¿Qué es lo que se quiere aportar con esta apología del misticismo católico más cutre? Pues, ni más ni menos, el situar las apariciones marianas como advertencias del peligro de la descristianización de la sociedad, del comunismo y del ateísmo. Lanzando una llamada de atención a este mundo para que se aleje del laicismo y de vivir de espaldas a la Iglesia Católica.

Pero vayamos por partes. En primer lugar veamos qué es lo que dice la ciencia sobre el fenómeno de las apariciones marianas. Una de las explicaciones más comunes es que pueden tratarse de alucinaciones sufridas por personas como consecuencia de algún tipo de enfermedad mental o que padecen trastornos neurológicos como la epilepsia del lóbulo temporal. Otra es que puede ser ilusiones ópticas, efectos meteorológicos. La mayoría son fenómenos de sugestión colectiva, que aparecen en periodos conflictivos o de cambios sociales. Por ejemplo, la aparición de la Virgen en Fátima durante la Primera Guerra Mundial y el auge de la revolución bolchevique en Rusia.

En el Estado español, apenas proclamada la II República, se sucedieron, casualmente, una autentica fiebre de apariciones marianas, que el sector más católico y tradicionalista utilizó para manipular a la población. Una de las más sonadas fue la aparición de la Virgen a dos niños pastores en la localidad guipuzcoana de Ezkio, en el verano de 1931.

Según se refleja en la prensa de la época, los niños visionarios fueron destinatarios de la siguiente revelación: «Dentro de cinco años justos se iniciaría una guerra, y un Ángel Salvador sería el destructor de la República».

Se sucedieron las concentraciones multitudinarias en la pequeña localidad, y numerosas personas afirmaron tener visiones divinas. Incluso intelectuales de la época se interesaron por este fenómeno, como el «amargado» Pío Baroja que lo recogería en su trilogía «La selva oscura», en el libro titulado «Los visionarios». Gregorio Marañón, famoso médico de pensamiento liberal, defendió la supuesta autenticidad de los visionarios. Incluso empresarios catalanes se interesaron por los hechos e impulsaron la construcción de una basílica en el lugar de las apariciones al estilo de Fátima.

Pero fue un hispanista, William A. Christian, quien realizó el mejor estudio sobre las visiones de Ezkio, situándolas en el tenso contexto del inicio de la II República, y la manipulación interesada del párroco de Zumárraga. Explica como las visiones se extendieron de forma masiva entre una población analfabeta, tradicionalista y con una gran presencia ideológica de la iglesia católica, de tal manera que algunas personas afirmaban que la Virgen se les aparecía con la ikurriña en la mano, otras con el estatuto de Estella, lo que molestó enormemente a la jerarquía eclesiástica y al mismo «caudillo», que acabó prohibiendo las concentraciones y, por ende, el proyecto de basílica se fue al traste, y las apariciones cayeron en el olvido.

Este es uno de los episodios que el entrevistado afirma que precisa ser reabierto porque se incluían profecías que se han cumplido. Tal vez, si la Virgen vuelve a parecerse en Ezkio, puede ayudar a dilucidar divinamente si la conexión del TAV vasco con Navarra se debe hacer por esa localidad o por Gasteiz.

Llegados a este punto, convine detenerse en el autor. Jorge Fernández Díaz, es miembro Supernumerario del Opus Dei, y fue ministro de Interior con el gobierno de Rajoy de 2011 hasta 2016. Entre sus logros más reseñables se encuentran la «Ley Mordaza», denominación común de la «Ley de Seguridad Ciudadana», por la que se incrementó el poder de los agentes policiales para sancionar con el único objetivo de desanimar a la ciudadanía a ejercer derechos fundamentales como la movilizaciones y protestas. Con esta Ley, en el año 2020, se multó a doscientas cincuenta mil personas (casi un 6% de la población total), por falta de respeto o consideración a la Policía.

También se cuenta entre sus logros la creación de la «policía patriótica», dedicada al espionaje de políticos y formaciones independentistas, así como a la fabricación de falsos casos de corrupción y a obstaculizar las investigaciones de los escandalados que afectaban al Partido Popular.

Emulando al emperador romano Calígula que nombró cónsul a su caballo Incitatus, este devoto creyente que gusta de visitar el Vaticano, durante su delirante mandato concedió la Medalla al Mérito Policial a «María Santísima del Amor», y la Cruz de Plata de la Guardia Civil a la «Santísima Virgen de los Dolores de Archidona».

En diciembre de 2015 manifestó en los medios públicos, que tenía un «ángel de la guarda» llamado «Marcelo» que le ayudaba «en las pequeñas cosas, como aparcar el coche, y también en las grandes» y que el Papa Benedicto XVI le dijo que «el Diablo quería destruir España con el independentismo de Cataluña».

Presume, el «iluminado» de sus origines navarros por haber nacido su padre en Fitero. Localidad a la que obsequió con la construcción de un cuartel con un coste de dos millones de euros, cuando la propia Guardia Civil afirmó que «no existían motivos suficientes para tal inversión, a no ser que se debiera a que el señor ministro tenga familia y amistades como el alcalde del pueblo donde veranea todos los años».

En el año 2020 la Fiscalía Anticorrupción elaboró un informe en el que, vistos los «muy numerosos y concluyentes» indicios contra Fernández Díaz en la Operación Kitchen, pide al juez que le cite a declarar como imputado. En el año 2023, la Fiscalía solicitó para él 15 años de cárcel y 33 de inhabilitación, acusándolo de encubrimiento, malversación y delitos contra la intimidad.

            Que semejante personaje, equiparable directamente con los bribones, canallas y rufianes descritos por Miguel de Cervantes en su magnífico «Retablo de las Maravillas», merezca una entrevista a toda página y con fotografía en un diario, no muestra sino la bajeza y falta de calidad profesional del medio de comunicación.

Sería para tomárselo a risa, si el tratamiento de estos temas no se inscribiera en un contexto de auge del pensamiento reaccionario y fundamentalista del nacional catolicismo, el mismo que arropó y fundamentó el alzamiento contra la legalidad republicana y sustentó a la dictadura franquista.

Sólo en esta escalada mundial de ideología totalitaria, puede entenderse la pervivencia del Diario de Navarra y de personajes como Jorge Fernández Díaz, y obtener respuesta a la pregunta que toda persona normal se hace: ¿cómo un espécimen como ese pudo llegar a ser ministro de Interior?

Tras la lectura de la entrevista únicamente se puede coincidir con lo que decía Friedrich Nietzsche: «Después de estar en contacto con un hombre religioso, siempre siento que debo lavarme las manos», o mejor con la frase de Carl Sagan: «Dios no reside en un cielo de nubes, simplemente habita en mentes nubladas».