“Diario del recuerdo” que blanquea

Cuando el Diario de Navarra oculta deliberadamente el contexto y la responsabilidad de personajes como Queipo de Llano, deja de informar y empieza a colaborar en la construcción de una memoria falsa.

La nota publicada en la sección “Diario del recuerdo” del ejemplar correspondiente al 9 de marzo del Diario de Navarra, que reproduce la aparecida en ese mismo medio con motivo de la muerte de Gonzalo Queipo de Llano en esa misma fecha hace 75 años, constituye un ejemplo paradigmático de cómo el silencio selectivo puede convertirse en una forma de blanqueamiento histórico.

Puestos a elegir qué personajes merecen ser recordados con motivo de su fallecimiento en un 9 de marzo, el Diario de Navarra podría haber hecho referencia a otros nombres mucho más dignos de memoria desde la defensa de la libertad y de la legalidad democrática.

Por ejemplo, un 9 de marzo de 1944 murió el periodista y escritor republicano Manuel Chaves Nogales, uno de los cronistas más lúcidos de las terribles brutalidades del alzamiento fascista de 1936, exiliado por defender la democracia y por contar la verdad sobre la actuación de personajes como Queipo de Llano.

Sin embargo, cabe temer que el Diario de Navarra no publicará ninguna necrológica sobre ese insigne periodista. Como tampoco lo hizo sobre quienes defendieron la República y pagaron con la cárcel, el exilio o la vida su compromiso con la democracia. Únicamente puede recurrir a su hemeroteca vinculada al bando de los sublevados contra la legalidad establecida, porque fue ahí donde se situó de forma decidida desde la preparación del golpe, su ejecución y su continuidad durante la dictadura franquista.

Volviendo a la nota, aunque fue publicada hace 75 años, constituye una muestra de cómo el Diario de Navarra, en aquellos tiempos —igual que en la actualidad—, falsea la historia e impone un relato de parte. Bajo una apariencia de neutralidad, el texto se limita a enumerar cargos militares y episodios de su carrera, evitando cuidadosamente mencionar lo esencial: que Gonzalo Queipo de Llano fue uno de los principales responsables del golpe militar de 1936 contra la legalidad democrática de la Segunda República y uno de los dirigentes de la represión más brutal desatada tras el alzamiento fascista.

La nota publicada en la sección “Diario del recuerdo” no es casual ni carece de intencionalidad política en el momento actual. Cuando se presentan figuras centrales del golpe militar de 1936 como si fueran simples protagonistas de una carrera militar, se produce un desplazamiento peligroso de la memoria. No se trata de borrar la historia, sino de contarla completa. Y contarla completa significa recordar también a las víctimas, a quienes defendieron la legalidad democrática de la Segunda República y a quienes pagaron con su vida, su libertad o su exilio.

Publicar esa nota sobre quien, desde los micrófonos de Radio Sevilla, lanzó discursos de extrema violencia incitando al terror contra la población republicana, resulta especialmente problemático. Bajo su mando se desarrolló una represión sistemática que costó la vida a decenas de miles de personas en Andalucía. Reducir su trayectoria a una secuencia de ascensos militares y a su papel en el control de Sevilla no es contextualizar la historia: es amputarla.

Incluso el detalle de mencionar que falleció en “su cortijo” de Gambogaz constituye un ejemplo de embellecimiento de la realidad. Ese cortijo fue un auténtico botín de guerra del que se apropió Queipo de Llano y en el que se utilizó trabajo esclavo de presos para su beneficio personal.

Las miradas “Del recuerdo” que construye el Diario de Navarra se sostienen sobre silencios selectivos. La nota incluida en el ejemplar del 9 de marzo responde al interés por presentar a protagonistas del fascismo español bajo una pátina de neutralidad que busca despolitizar sus actos y diluir sus responsabilidades históricas, incluidas las del propio Diario de Navarra. El resultado es un relato parcial y distorsionado del pasado.

Cuando el Diario de Navarra narra la historia sin contexto y sin víctimas, lo que hace es propaganda retrospectiva, contribuyendo a la fabricación de una memoria falsa que suaviza la naturaleza represiva del golpe militar y de la dictadura franquista.

Este tipo de piezas periodísticas no son inocentes. La falsa neutralidad ante el fascismo no es neutralidad: es una forma de manipulación. Al eliminar del relato la represión, las víctimas y el carácter golpista del personaje, se construye una memoria desfigurada que banaliza el terror y normaliza a sus responsables.

Resulta, además, preocupante que este tipo de tratamientos en los medios de comunicación se repitan en un momento histórico en el que los discursos neofascistas vuelven a abrirse paso. Presentar a los protagonistas del franquismo como meros militares de una época convulsa contribuye a fabricar un relato del pasado cómodo y desproblematizado: un relato en el que el golpe de Estado desaparece y queda sustituido por la vaga referencia a la “guerra civil”, mientras los responsables aparecen envueltos en una pátina de respetabilidad institucional.

Recordar no es repetir datos biográficos; es explicar lo que significaron. Y en el caso de Gonzalo Queipo de Llano, lo que significó fue terror, represión y la destrucción violenta de la legalidad democrática, además de un ejemplo evidente de corrupción y apropiación de bienes.

La historia no necesita maquillajes ni silencios interesados. Cuando el Diario de Navarra oculta deliberadamente el contexto y la responsabilidad de personajes como Queipo de Llano, deja de informar y empieza a colaborar en la construcción de una memoria falsa: una memoria que no tiene en cuenta a las víctimas, ni respeta la verdad, sino que sirve para reescribir el pasado y hacerlo compatible con los vientos reaccionarios del presente.

Recordar con honestidad implica llamar a las cosas por su nombre: un golpista no es un simple militar, un responsable de la represión no es un personaje histórico neutral y el terror que siguió al golpe de 1936 no puede desaparecer de las páginas de un periódico como si nunca hubiera existido.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba