El periódico de Cordovilla viene recogiendo y amplificando las opiniones de UPN y de una larga lista de plumillas obsesionados por el crecimiento económico en nuestra Comunidad. Parece que se acaba el mundo porque en Aragón se construyan algunas plantas industriales y no en Navarra. De paso aprovechan para cargar contra el Gobierno Foral, al que acusan de ineficacia en la gestión.
La recesión económica global avanza lentamente hacia el decrecimiento económico. Este fenómeno se encamina a un final desconocido y alarmante. Lo preocupante es que las energías sostenibles no garantizarán el actual estilo de vida derrochador de Occidente.
Investigadores como Antonio Turiel, del CSIC, advierten sobre el agotamiento de las reservas de combustibles fósiles: “Se sabía desde hace décadas y ya está ocurriendo”. Además, señala que “la escasez de materiales es un obstáculo para la transición energética”, instando a un cambio en nuestro modo de vida antes de que sea demasiado tarde.
El crecimiento continuo en un planeta finito es insostenible. Lo que hoy consideramos crecimiento, pronto se convertirá en decrecimiento motivado por el aumento poblacional, el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Eventos como la Dana en la Comunidad Valenciana deberían alertarnos sobre la inviabilidad de seguir creciendo, tal como sugieren artículos de Juan Córdoba en Diario de Navarra. Sus propuestas reflejan una falta de entendimiento del momento histórico actual. Lo mismo ocurre con los miembros del think tank de la derecha navarra, Institución Futuro: Aracama, Miranda, Bañón y Lacosta, que no lo contemplan.
Los cierres y despidos en empresas locales
En febrero una manifestación recorrió las calles de Iruñea en apoyo a la industria, que vive un momento de incertidumbre tras los anuncios de cierres y despidos en empresas como BSH, Sunsundegui, Nano o Tasubinsa…
No es de extrañar la preocupación de los trabajadores y sus familiares por su futuro, ya que del puesto de trabajo dependen sus vidas. También aparece la impotencia del presidente del comité de empresa de BSH, que ha pedido a los agentes políticos navarros implicación para garantizar “que la clase trabajadora pueda desarrollar su proyecto de vida”.
En el sistema capitalista en que nos encontramos, las decisiones empresariales las imponen los propietarios de los medios de producción. Esto no es el socialismo donde la economía está centralizada y todo el mundo tiene trabajo. Las instituciones navarras poco pueden hacer si una empresa decide deslocalizarse y trasladar la planta a otro país por las razones que sean. Recordemos que el principal objetivo de las empresas es generar beneficios económicos, más allá de su papel en la economía social.
El paradigma de la mina Muga
Las malas praxis políticas llegan la Mina Muga para la extracción de potasa en tierras de Sangüesa. Los listos de Geoalcali tramitaron el megaproyecto dividiéndolo en tres partes pensando que eso les ayudaría en su aprobación, pero el Tribunal Superior de Justicia de Navarra dio la razón al recurso presentado por los grupos ecologistas contra el Gobierno de Navarra y la empresa por la concesión otorgada. Ahora y debido a urgencias económicas de plazos, tanto la empresa Geoalcali como los alcaldes de de la zona, se han dirigido al Ministerio para presionarle y conceda los permisos para su puesta en marcha. Esto revela una preocupante falta de respeto por la democracia y por las inquietudes legítimas de la ciudadanía.
Resulta esclarecedor que la legislación vigente emanada de la Constitución y que es la que nos puede proteger de los desmanes de empresarios sin escrúpulos y de alcaldes de dudosa ética, se intente forzar pasando por encima de la misma. También resulta chocante que la presidenta María Chivite declare: “Mina Muga es un proyecto que contribuirá significativamente al desarrollo económico de la región”. Lo que calla al igual que DN, es que los impactos ambientales son elevados: la mina en su funcionamiento va a contribuir al cambio climático; la potasa extraída irá a parar en su mayoría a la agricultura intensiva con una huella de carbono muy elevada; y su transporte se realizará de manera totalmente insostenible mediante el uso de 500 camiones diarios, que generarán emisiones contaminantes de gases de efecto invernadero e inseguridad a los vecinos de la comarca. Todo esto sin hablar del impacto ambiental y paisajístico del entorno.
