Diario de Navarra vuelve a envolverse en la bandera del pluralismo al recordar unas mesas redondas celebradas en 1978, presentándolas como ejemplo de apertura democrática y de “voz a prácticamente todas las sensibilidades”. Pero basta con rascar un poco para comprobar que ese relato es, como mínimo, incompleto… y como máximo, una operación de blanqueamiento de su propio papel durante la Transición.
Porque, ¿dónde estaban las fuerzas que realmente representaban una ruptura con el franquismo? ¿Dónde estaban los partidos de la izquierda transformadora, el movimiento obrero organizado, el independentismo de izquierdas, o la izquierda abertzale que ya entonces tenía un fuerte arraigo social en Navarra? No estaban. No fueron invitados. No existieron en esas mesas para Diario de Navarra.
Lo que el periódico presenta como un debate plural fue en realidad un diálogo cuidadosamente acotado, donde todas las voces fluctuaban dentro de un marco ideológico muy concreto: el del consenso del régimen reformado, no el de la ruptura democrática. Un debate entre élites políticas homologables para el sistema, donde comunistas “presentables” podían estar… pero sin que apareciera ninguna corriente que pusiera realmente en cuestión la estructura del Estado, la monarquía impuesta por Franco o el modelo territorial desde una posición soberanista o popular.
Resulta especialmente llamativo que Diario de Navarra elija destacar ahora aquellos foros sin mencionar su propia historia de colaboración ideológica con el franquismo, ni su oposición sistemática a cualquier proyecto político que oliera a izquierdas, a sindicalismo combativo o a soberanismo vasco. El periódico que durante décadas fue un baluarte del pensamiento reaccionario navarro pretende ahora aparecer como pionero del pluralismo. Pero el pluralismo no se mide por cuántos sillones se ponen alrededor de una mesa, sino por a quién se deja fuera.
Se invita a UCD, al PSOE, al PNV institucional, a la derecha foralista… pero se excluye a quienes defendían modelos alternativos de sociedad, de Estado y de democracia. Eso no es diversidad ideológica: eso es pluralismo de escaparate.
Y ocurre algo aún más grave: esas mesas no fueron neutrales. Fueron un instrumento para legitimar la Constitución del 78 como única salida posible, ocultando que una parte importante de la sociedad la vivió como una imposición, nacida de un pacto entre élites franquistas recicladas y oposiciones domesticadas. Diario de Navarra no organizó aquellos debates para cuestionar el sistema, sino para consolidarlo.
Hoy, al recuperar ese episodio, el periódico no está haciendo memoria histórica: está haciendo propaganda retrospectiva. Está tratando de reescribir su pasado para parecer lo que nunca fue: un agente democrático. Cuando en realidad fue, y sigue siendo, un actor político con una línea editorial clara, profundamente conservadora y hostil a cualquier proyecto transformador.
Decir que “dio voz a todas las voces” es falso. Dio voz a las voces que le interesaban. Y silenció deliberadamente a las que podían incomodar al nuevo régimen.
Y eso también es historia. Aunque no salga en sus páginas.
