Complicidad y cobardía: cómo UPN y Diario de Navarra protegen el expolio de la Iglesia Católica

Una institución acostumbrada a acumular poder, propiedades y privilegios con el silencio cómplice de políticos, columnistas y medios afines.

En Navarra tenemos un problema serio con la Iglesia Católica. No con la fe ni con la espiritualidad, sino con una institución acostumbrada a acumular poder, propiedades y privilegios con el silencio cómplice de políticos, columnistas y medios afines, y la pasada semana tuvimos una muestra clara de esa alianza vergonzosa.

Por un lado, Miguel Ángel Riezu director de Diario de Navarra firmaba una columna supuestamente analítica sobre la situación de la Iglesia Católica. Una pieza pulida, cargada de datos, tonos suaves y estampas entrañables sobre misioneros, colegios, romerías y acción social. Pero no es un análisis: es un masaje. No hay una sola palabra sobre las inmatriculaciones. Ni una. En un texto que presume de “radiografía”, se omite el mayor escándalo patrimonial de la Iglesia en Navarra: el registro masivo y opaco de bienes públicos como propiedad eclesiástica, muchos de ellos sin título de propiedad, gracias a una ley franquista que el PP mantuvo hasta 2015. Es como escribir sobre el sistema financiero y olvidarse de los paraísos fiscales.

Por otro lado, UPN —que ya ha hecho del servilismo eclesial su columna vertebral— lanza un tuit indignado por una exposición en el Parlamento. Dicen que es “un insulto” a la Iglesia. No han ido, no saben qué se muestra, pero les basta con que alguien se atreva a cuestionar la santidad institucional del clero. Lo que les molesta no es un cartel ni una imagen: les aterra que se hable claro, que se cuenten los hechos, que alguien desmonte la impunidad que han protegido durante años.

Lo que une a Riezu y a UPN es lo de siempre: proteger a la Iglesia Católica del escrutinio democrático, envolviéndola en liturgia, tradición o sentimentalismo barato. Pero ya no cuela. La Iglesia Católica ha inscrito a su nombre miles de bienes que no eran suyos, y lo ha hecho a espaldas del vecindario, de los pueblos y del patrimonio común. Eso tiene un nombre: expolio legal. Y eso no se tapa con columnas melosas ni con tuits histéricos.

La pregunta es sencilla: ¿de qué tienen miedo? ¿Por qué no hablan del tema? ¿Por qué tanto esfuerzo en disfrazar de respeto lo que es puro blindaje de intereses? Porque si se abre el melón, empiezan las devoluciones. Y con ellas, la caída del mito.

No hay neutralidad posible ante las inmatriculaciones. O estás con la ciudadanía que exige transparencia, verdad y reparación. O estás con una Iglesia Católica que acumuló propiedades con leyes hechas a medida, protegida por partidos serviles y blanqueada por periodistas de sacristía.

Riezu escribe como si aún viviéramos en la Navarra de misa, boina y miedo. Y UPN actúa como si criticar a la Iglesia fuese un crimen. Lo que es un crimen es robarle al pueblo sus bienes y exigir que encima se calle y se arrodille.

Se acabó el silencio. Es hora de señalar a los que encubren, a los que callan, a los que protegen. Porque sin ellos, este saqueo no habría sido posible.