Cinismo y desmemoria absoluta de Miguel Sanz

Miguel Sanz reaparece en el Diario de Navarra (fiel eco de UPN) para impartir cátedra de pragmatismo. En realidad, solo busca normalizar y legitimar la entrada de la extrema derecha de VOX en las instituciones. Puro blanqueamiento.

Miguel Sanz ha vuelto a la palestra para recordarnos que la política es “el arte de lo posible”. Lo hace, como no podía ser de otra forma, desde las páginas del Diario de Navarra, ese histórico panfleto que funcionó como altavoz del franquismo y que hoy sigue operando como el órgano de propaganda oficial de UPN. Es el escenario perfecto: un medio que siempre ha confundido la información con el servicio a las élites forales para que uno de sus máximos exponentes intente blanquear su pasado.

Sin embargo, leer al expresidente hablar de ética de Estado y geometría variable produce un inevitable sentimiento de vértigo. Es el cinismo elevado a categoría de análisis político. El hombre que durante quince años gobernó Navarra mediante el “ordeno y mando” pretende ahora darnos lecciones de flexibilidad democrática utilizando a Extremadura como escudo.

Lo más alarmante de su reflexión no es solo la nostalgia, sino su claudicación moral ante el fascismo. Sanz sugiere sin tapujos que el PP debe abrazar la “política de lo posible” pactando con VOX. Resulta nauseabundo que alguien que se vendió como “institucionalista” invite ahora a meter en las instituciones a la ultraderecha radical. Para Sanz, los principios democráticos son moneda de cambio si el premio es una cuota de poder. Blanquear a una formación que desprecia el autogobierno foral, los derechos de las mujeres y la diversidad es la traición definitiva. Es la “geometría variable” al servicio del autoritarismo.

Pero el insulto a la inteligencia del lector no acaba en su deriva ideológica. Resulta pintoresco que Sanz pontifique sobre el bien común cuando su rastro más tangible es la desaparición de la Caja de Ahorros de Navarra (CAN). El arquitecto de la modernidad navarra resultó ser el capataz de la demolición de nuestro pulmón financiero. Mientras él y su círculo se repartían dietas opacas en reuniones de apenas unos minutos —un órgano diseñado a medida para el cobro de sobresueldos institucionales—, la Caja se desangraba hasta su absorción. Esa fue su verdadera “política de lo posible”: lo que era posible llevarse al bolsillo mientras el patrimonio de todos los navarros se esfumaba.

El texto de Sanz no es una hoja de ruta, es el grito desesperado de quien ve cómo su régimen se desmorona por su propia inercia corrupta. La Navarra actual no es “imposible”; simplemente es una Navarra que ha aprendido a caminar sin el tutelaje de quienes confundieron el Gobierno con su propiedad privada.

Sanz pide altura de miras desde su atalaya mediática de siempre, pero su mirada nunca bajó de los reservados donde se decidía el destino de la comunidad a espaldas de la ciudadanía. Ni Extremadura necesita sus consejos, ni Navarra quiere volver al manual de un expresidente que escribe sobre ética en un panfleto cómplice mientras el eco de las dietas de la CAN todavía resuena como un monumento a la desvergüenza.

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