Cuenta Álvaro Bañón Irujo en un artículo publicado en el Diario de Navarra del pasado 7 de marzo, con el título de: “Sí, el desarrollo es nuestro chollo”. Que paseando un sábado por la mañana, tropezó con una manifestación anti-TAV. El encuentro le trastornó de tal manera que, según sus propias palabras “quedó estupefacto”. Es decir su reaccionaria sensibilidad neuronal entró en shock (que, como se sabe, es un episodio que comporta falta de riego sanguíneo y de oxígeno a los órganos y tejidos), bajo cuyos efectos debió escribir el mencionado opúsculo.
No obstante, ese estado de confusión es un síntoma de algo más patológico. La mera visión de una manifestación anti-TAV produjo al expresidente del Grupo Diario de Navarra, un trastorno disociativo (probablemente síndrome de Gilles de la Torette). Consistente en una afección mental que implica una pérdida de conexión entre pensamientos y recuerdos, incluyendo una huida de la realidad en formas poco saludables, con la creencia de que quienes te rodean están distorsionados y no son reales.
Esa incapacidad mental para vez la realidad (que puede llegar a ser permanente,) le impidió al asesor de empresas ver que la manifestación objeto de su angustia vital, portaba las esquelas de 12 trabajadores muertos en las obras del TAV (parece que la vida de esos trabajadores no le importe demasiado).
Tampoco se percató de la denuncia de las duras condiciones laborales que se están llevando a cabo en la mencionada obra. Su distorsión de todo lo que no sea desarrollismo capitalista, le lleva a no tener en cuenta que, mientras se desmantelan las infraestructuras del tren convencional, se gastan más de 12.000 millones de euros de dinero público en una infraestructura innecesaria, cuyo objetivo se centra es ganar unos minutos en las conexiones entre capitales, excluyendo las conexiones con el resto de las poblaciones y las mercancías.
En sus delirios neoliberales, hace referencia a las bondades del pantano de Itoiz y del Canal de Navarra. Pero, afectado hasta tal punto por la visión de la manifestación, olvida como el pantano de Itoiz se llevó por delante tres enclaves calificados como reservas naturales (Txintxurrenea, Gaztelu e Iñarbe), con sus respectivas bandas de protección y Zonas de Especial Protección de Aves.
No guarda recuerdo de cómo el Canal de Navarra convirtió, en su primera fase, 22.000 Ha de secano en regadío. Sobre todo para el cultivo industrial de maíz, donde se utilizan grandes cantidades de fertilizantes y plaguicidas de síntesis, lo que ha intensificado la contaminación agraria en las zonas regables del Canal de Navarra, sobre todo con nitratos.
No es consciente, en su trastorno disociativo, de que una de las consecuencias de la primera fase del Canal, ha sido la constatación de que el número de propietarios antes de la transformación en regadío ha disminuido en un 17%, y el número de parcelas en un 70%. Es decir que se ha producido una concentración en unas pocas manos la propiedad de la tierra y en grandes extensiones de parcelas uniformes, donde antes había variedad y cultivos tradicionales.
Afirma, en su enajenación, que: Sí, el desarrollo es nuestro chollo”, pero cuando dice nuestro, se refiere a los suyos, a los empresarios, a los capitalistas…, no al conjunto de la ciudadanía.
Y siguiendo con el caso del agua del Canal, su enfermedad disociativa le impide ver como el agua del Canal destinada a regadío está explotada por una empresa privada (Aguacanal), a la que se le paga con dinero público por servir agua a los regantes.
La parte del Canal que se usa para consumo humano, gestionada por la empresa CANASA, también obtiene unos ingresos públicos desorbitados. La Mancomunidad de la Comarca de Pamplona, por la reserva de agua que tiene de la toma del Canal en Tiebas (22,54 Hm3 anuales), paga a CANASA 1,2 millones de euros al año. Sin embargo, el consumo de la Mancomunidad nunca ha superado los 2 Hm3 de agua al año. Por lo que se está pagando un sobrecoste con dinero público.
¿Es o no es, un chollo para esas empresas la existencia del Canal de Navarra?, mientras el común de los mortales les estamos pagando a precio de oro el uso de un bien común.
Igual pasa con las macro líneas de alta tensión, gestionadas por empresas privadas como Forestalia. Y en general para todo lo que está detrás de cualquier proyecto desarrollista en estos momentos, incluyendo las obras del TAV.
Por supuesto, no podía faltar en su enfermizo escrito la acusación a EH Bildu de estar en contra del desarrollo (capitalista!!!)
Es comprensible el terrible impacto que para una persona, que siempre se ha movido en la órbita del poder económico, que ha estado asesorando a grandes grupos financieros como Banesto, Lloyds Bank, que pertenece a la Institución Futuro, o a Haltia Capital…, le causa la visión de la realidad.
Cuando se da de bruces con alguien que le espeta a la cara que el llamado progreso nos ha llevado a la actual crisis eco social global, poniendo en peligro la vida de amplias capas de la población y abocándonos al colapso civilizatorio.
Y mucho más efecto dañino le produce, cuando un grupo de personas grita que ha llegado el momento de romper las cadenas del progreso que nos esclaviza y nos destruye, propugnando la defensa de la tierra y la superación del capitalismo como la única garantía para asegurar un futuro digno y justo para la humanidad.
Para un personaje que se vende como quien enseñó los fundamentos del neoliberalismo salvaje a Milton Friedman, a Friedrich von Hayek, a Ronald Reagan a Margaret Thatcher. Tiene que ser un trauma de primer grado el toparse con la realidad.
Finaliza su perorata en todo lo alto. Primero se lamenta de que “…somos vagos y poco comprometidos…” Lo que es la única verdad que tiene el escrito. Aunque, ¡Alvarito no te vengas abajo por eso!, siempre dispondréis del Diario de Navarra para soltar vuestras soflamas fascistas, ¿Dónde vais a encontrar una mejor plataforma?
Y acaba con una frase ciertamente inquietante: “…votar no basta”. En las páginas del periódico vocero del golpista Mola, eso puede tener un terrible significado. Resulta preferible pensar que esa frase es también producto del trastorno disociativo que padece Álvaro Bañón. El tratamiento sanitario puede resultar largo y con pocas esperanzas de curación, a la espera de que la medicina domine la técnica del trasplante total de cerebro.
