Ha convertido a cientos de miles de navarros y navarras –gente que trabaja, cría, estudia y sueña– en figurantes de su drama particular: el monaguillo pícaro, el votante engañado, el ciudadano incapaz de distinguir una “amenaza separatista”.
Permítame corregirle, con datos en lugar de fantasmas:
Las personas que apuestan por el cambio político no son un rebaño hipnotizado. Son ciudadanos que, cansados de una casta política tradicional que llevó a UPN a la prevaricación y al PSN a la opacidad, han visto con sus propios ojos la diferencia. ¿O ya hemos olvidado la herencia envenenada de legislaturas de UPN, mientras que en esta última década, en ayuntamientos clave como Pamplona/Iruña, EH Bildu demostró que otra gestión pública –transparente y eficiente– es posible?
Usted habla de “dinero público a asociaciones euskaldunas” como si fuera un delito. Le informo: se llama política cultural. La misma que hace que en Navarra se pueda vivir, trabajar y crear tanto en castellano como en euskera, sin que una lengua quite derechos a la otra. Eso no es segregación, es riqueza. Algo que en el siglo XXI debería saber cualquier persona que se llame “historiador”.
Y hablemos del “TAV retrasado por orden abertzale”. Mentira. Se retrasó por sentido común. Mientras otras comunidades se endeudaban en megalomanías faraónicas, Navarra priorizó inversión social, sanidad y cercanía. Esto no es “obedecer órdenes” sino gobernar para la gente, no para las cementeras – un principio que, por cierto, la gestión de UPN no aplicaba.
Usted reduce el cambio político a un espectro, pero calla los hechos contrastables:
- Fiscalidad justa: mientras UPN defendía un modelo que beneficiaba a unos pocos, EH Bildu ha impulsado políticas para que paguen más quien más tiene.
- Transparencia radical: algo que a ciertos partidos “constitucionalistas” les da urticaria, se ha hecho norma en gestiones alternativas.
- Servicios públicos: defensa a ultranza de la sanidad y educación públicas frente a los recortes del pasado.
¿Sabe por qué crecen las alternativas, señor Landa? No por una conspiración, sino porque mientras ustedes vendían miedo, ellas vendían soluciones. Mientras UPN dejaba pueblos abandonados, hoy se lucha por fibra óptica, dependencia digna y comedores escolares.
Y ahora, la pregunta del millón: ¿por qué este pánico a que gobierne la mayoría que decidan las urnas? ¿Temen que demuestren que se puede gobernar sin amigos bajo la cama con billetes de 500 euros, sin los casos de corrupción que salpican el legado de UPN, sin puertas giratorias?
Navarra no necesita un “pacto de lo constitucional”. Necesita un pacto de lo decente. Donde un voto por el cambio no sea tratado como un pecado, sino como una opción legítima. Donde la “amenaza” no sea la pluralidad, sino la corrupción que ya conocemos.
A quienes apuestan por una nueva política: no son monaguillos. Son la conciencia viva de una Navarra que quiere dejar atrás los feudalismos políticos. Son la prueba de que el cambio no solo es posible, sino imparable.
A los que difunden miedo: su tiempo se acaba. Navarra ya no compra relatos de sacristía. Compra hechos. Y los hechos son tozudos.
